domingo, 28 de agosto de 2016

Quinta elucubración: Tres puntos para el tedio y uno para la ilusión.

“Vacilan y caen los hombres sufrientes, ciegos, de una hora en la otra, como aguas de roca en roca lanzados, eternamente, hacia lo incierto.”

― Friedrich Hölderlin


A veces, por los ires y venires de la vida, las cosas pierden su sentido y ya nada representa un consuelo para uno, no importa cuántos libros maravillosos leas, no importa cuántas palabras reconfortantes recibas de aquellos quienes son cercanos a ti, no importa si compras tu comida chatarra favorita, o si te sientas frente a un árbol a buscar la iluminación zen o a que un fruto te golpee la cabeza, a ver si te despiertas, es que, simplemente hay épocas tan anodinas en la vida que uno solo sigue una rutina, uno se duerme y pierde el sentido, más bien, no hay ningún horizonte, no hay ninguna compresión de sí y del mundo, uno no le da un horizonte de interpretación al mundo y vive como un guijarro negro, al lado de un camino muy transitado, el que es pateado furiosamente por la monotonía, por la insignificancia, por un desasosiego que se acepta sin pena, ni gloria, porque a pesar de todo hay que vivir, aunque sea de manera inconsciente.

Para ampliar más lo que quiero decir, traigo a colación a ese maravilloso escritor que filosofaba llamado Albert Camus, con una frase de su muy conocido libro, El extranjero:


 "Y Nunca me he sentido tan profundamente, en un único y mismo momento, tan separado de mí mismo y tan presente en el mundo". 

Algo así le sucede a uno, algo se separa, el "yo" se va de vacaciones, a buscar aires menos inciertos y, queda la cáscara, el vestigio de lo que uno guardaba en lo más íntimo: los sueños, las metas, los ideales, las ganas de estudiar, la fuerza para levantarse todos los días a las 5:30 am, el soportar el pensamiento incesante en la persona amada que yace en ese lugar llamado: "no te puedo hablar, porque lo arruiné, y mejor me trago el dolor, y lo convierto en desapego, porque, de lo contrario me muero de pena moral", los principios se vuelven frutos que nunca debieron ser comidos y la vida como decía quien conocía bien, el dolor y la tragedia, Hara Tamiki, ya no ofrece nada para agarrarse a ella. Y qué tiene qué ver esto con el tema que nos inquiere , pues cuando uno esta así de entumido, uno no escucha, ni escribe, ni lee igual, a pesar de que tal vez por el hecho de estar frustrado y desilusionado, uno puede escribir reflexiones interesantes sobre el asunto, pero hay casos tan extremos de tedio, de hastío y de frustración que uno se mecaniza, y hace las cosas no por voluntad, sino por impulso, porque toca. Como esa tarea de X profesora que implicaba escribir un ensayo X, como ese almuerzo que te comes día a día y parece ser el mismo, y se vuelve insípido, pues llega a no saber a nada, como ver todas esas caras que no dicen mayor cosa, pero que toca darles un detalle, un impulso, una emoción para no morir en el camino de las relaciones con el otro. En fin, en este momento me siento más o menos de esa manera y las ideas que me mueven y me representan, pierden su fuerza, lo mismo en la escritura, ya nada me inspira, o me mueve a escribir, aunque ciertas personas y autores dicen que uno debe escribir sin la influencia de las emociones, pero yo digo que son necesarias, como amar a alguien o algo, en fin, después ampliaré este tema. 

Para no hacer esta entrada tan gris, pondré la foto de grandes personajes de la literatura y la filosofía con gatos, solo porque sí: 



                                                                                 Sartre.


                                                                                  Foucault.

Hesse.



Aldous Huxley



Àlvaro Mutis


                                           Y Yukio Mishima, uno de mis autores japoneses favoritos.





sábado, 20 de agosto de 2016

Cuarta elucubración: La dimensión estética de la mirada: leer la mirada como acontecimiento estético (o algo menos poético, ¿por qué la mirada es tan importante para mí?)



Soledad: una dulce ausencia de miradas.
— Milan Kundera 


Esta semana, decidí escribir sobre un asunto que me inquieta y es: ¿por qué no mirar a quien nos habla a los ojos? (Bueno, no nos tiene que hablar, solo mirar a los ojos sin por qué) y ¿por qué la mirada es tan importante para mí?.  Alguien  quien quise mucho me dijo que no me miraba a los ojos, porque era muy tímido y penoso, yo le dije: "está bien si no me miras, pero yo siempre buscaré tus ojos". ¿Por qué?; pues, me encanta la mirada de la gente, para mí la mirada es la encarnación de la sinceridad y de los verdaderos sentimientos de cada persona, creo que si miráramos  más a los ojos comprenderíamos mejor al otro y, así a  la naturaleza humana. No obstante, el "pero" aparece aquí, por lo general no miramos al otro, porque nos sentimos incómodos, o porque hay algo en la persona que simplemente no nos es grato o nos causa rechazo, aunque hay personas masoquistas (como yo) que siempre intentan mirar a quien tienen al frente, sin importar si no se quiere a la persona, o si esta causa temor , inquietud en uno.

Y por querer cruzar de ese camino enigmático que es la mirada , he tenido la oportunidad de enfrentarme a  caminos llenos de beatitud (al mirar a quienes más he querido) y también, a caminos espinosos y austeros ( al mirar a las personas que me han mostrado perfidia en sus ojos), pero el caso es que la experiencia de mirar siempre trae percepciones de las personas como: "este sí es malgeniado", "qué ternura de mirada", "ese se ve que es más goloso, con esa manera de mirar...", "esta sí es creída"... Y así podría seguir dando ejemplos de lo que se puede percibir en una mirada.

Ahora bien, en la clase del jueves 18 de Agosto, el profe expresó algo que me impactó: "tocar con la mirada", creo que no hay mejor expresión para ejemplificar lo que siempre intento hacer mirando al otro, no solo  intento leer su estado de ánimo, o el trasnocho que se gesta en las ojeras por una larga noche de desvelo por hacer el trabajo de X maestro, no solo para ver si sí me está diciendo la verdad, porque si me quita la mirada diciéndome algo importante, es sospechoso, no es solo para leer tribulación o dicha en los ojos del otro, es más un asunto de mirar al otro para tocarlo con la mirada, transgredir las fibras de lo más íntimo del otro a través de ese contacto tan estrecho que se produce cuando unos ojos distraídos se encuentran en medio de una multitud que no dice nada, y en ese momento, en el que las miradas se encuentran, algo estalla, el mundo te dice algo, porque te has encontrado a tu amigo, a tu compañero, a tu pareja, a tu maestro, a alguien que carga con su mundo y su vivencia y comparte algo contigo. Pero, también hay momentos en los que te encuentras a alguien que te rompió el alma, te decepcionó, te hizo sufrir, y por razones del azar, cruzan miradas, ahí estalla otra cosa: estalla el dolor, estalla la vergüenza, estalla el remordimiento y hay algo en uno que se siente indigno de ser mirado o uno siente que es indigno mirar a quien lo lastimó a uno.

Para no hacer esto tan largo, mirar al otro es importante para mí, porque lo hago sentir importante, escuchado, apoyado y en el mirar también entra la habilidad del saber escuchar, porque si uno mira al otro, más sencillo va a ser seguir su discurso y leer su intencionalidad, adicional a esto, hay situaciones en las que la mirada se convierte en un acontecimiento estético, porque en el instante en las que ellas convergen en un escenario, en un momento y situación especial, uno puede ver que el mundo adquiere un sentido puro, relevante y ver una imagen insondable en la retina del otro hace que uno se conmueva y se siente a pensar en la profundidad de la existencia y la belleza de cada cosa.

Tal vez ustedes piensen que escribí muchas "marihuanadas" o que me inspiré de más, pero miren al otro y sientan al otro desde lo que sus ojos transmiten y dan para leer.




Hay miradas insondables

Hay miradas que producen ternura

Hay miradas que dan paz

Hay miradas jocosas, pero que muestran tesura


Y hay miradas que dan miedo, pero que retan.

Entonces, mi consejo final es: miren, miren al otro, léanlo a través de la mirada, exploren lo que cada uno guarda cuando se da ese acercamiento de mundos, de dos respiraciones que se encuentran por casualidad y tejen un diálogo insípido o nutrido en derredor de esta lucha absurda y conmovedora que es la vida. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Tercera elucubración: Algo así como un tratado de lo que es mi habla


"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse".

                                                                                                  —Ludwig Wittgenstein

Otra vez estoy poco inspirada, lo cual se está volviendo un problema para mí este semestre, tal vez me falta emoción o un muso que despierte en mí deseos de exprimir pensamientos en este blog semanal. Luego de la digresión aleatoria, lo que quise escribir esta semana, tiene relación con hablar, una de las habilidades que más me asusta y que menos me gusta, desde que era una niña no me gusta hablar, soy más del tipo de chica que escucharía a alguien por horas sin cansarse, de hecho, he tenido amigos que son monotemáticos, y tengo una habilidad de escuchar su retahíla por horas, sin aburrirme. Yo me pregunto, ¿por qué es tan difícil hablar para mí?, ¿será por qué me pongo ansiosa y las palabras se parten mientras las voy enunciando?, ¿será por qué me tiembla todo mientras "me riego"?, ¿será porque empiezo a pensar cosas de lo más existenciales mientras hablo?, tales como: ¿qué hago aquí?, ¿por qué esta persona me mira de esa manera?, ¿cuál es el sentido de dar un discurso frente a este montón de gente soñolienta?, o lo más fútil, ¡Qué zapatos tan lindos!, ¡Oye, qué miedo la expresión de X persona!, ¡Tengo hambre y ya gagueé! y así sucesivamente. Creo que el problema es que hablo más de lo que debería conmigo misma y debido a las cosas que me gustan, opto por sostener ese diálogo del alma con uno mismo que Platón se llamó reflexión. ¿Cómo voy a encontrar a alguien que reflexione sobre por qué los escritores japoneses tendían al suicidio o al nacionalismo o a un rechazo total de las costumbres tradicionales de su país, o a un replanteamiento de las mismas?, o ¿alguien con quien discutir porque Murakami es tan famoso si a sus novelas se les puede sacar hasta esquema?, y otras cosas más insulsas y más "profundas" que voy pensando de cuando en cuando.


Ahora, ¿qué fue lo primero que dije?: Mi mamá me dijo que "tata", no sé si sí sea cierto o no, porque la memoria de mi madre es corta y es como la mía con respecto a mi infancia, la que pasó sin pena, ni gloria, no recuerdo muchas cosas sobre ella. Pero, cualquiera que haya sido el momento en que dije aquella palabra esta fue la primera palabra que utilicé para nombrar el mundo, y así fui creciendo, sin hablar mucho, hasta tercero donde recuerdo que escribí mi primer poema para recitarlo en público. Recuerdo estar frente a todo el colegio llena de pena, "recitando" mi poema, el que se trataba de flores o algo así. En la primaria fui una niña muy retraída, no tenía muchas amigas, tampoco tenía amigos en el lugar donde vivía, puesto que no había muchos niños, aunque recuerdo que mi vocación nació cuando empecé a enseñarle el poco inglés que sabia a dos niñas que eran mis amigas, recuerdo haberles enseñado los colores y algunos animales, ese día fui muy feliz.

Ya en otro momento de mi vida, los últimos años de colegio, yo era la que representaba a mi salón, porque por alguna razón siempre soy valiente para salir a hablar al frente, pero entro en crisis cuando tengo que enfrentar el público, como cuando estaba en noveno, tuve que presentar un acto cívico y pronuncié un nombre mal y fui el hazme reír de todo el colegio por unas semanas. En fin, todas esas cosas son parte del crecimiento y el desarrollo como persona de cada uno, aunque cuando llegué a la U... 

Cuando llegué a la U, no había cambiado mucho, seguía siendo la misma chica retraída de siempre, pero tenía el reto de adquirir fuerza frente a un público, porque iba a ser profesora, y básicamente mi profesión me exigía enfrentar públicos diversos todo el tiempo, y eso he estado intentado estos tres años en el que la palabra es fundamental para ser maestro, cuánto daño puede hacer uno enseñando mal un concepto o regla, o al reprender a un estudiante, uno puede matar sueños y mundos, por eso hay que tener cuidado con el discurso en esta profesión y recordar las palabras de Wittgenstein, las que están en el epígrafe y son difíciles de aplicar. 



Esa foto describe a la perfección qué siento cada vez que voy a hablar en público, siempre me pregunto: "¿qué hago aquí?", "no debí haber salido", pues ese día quise leer un poema que había escrito sobre un chico que me dio mucha inspiración el tercer semestre FRENTE A TODA LA FACULTAD, no fue buena idea, porque me trabé mucho, pero lo importante es que reté mi miedo a hablar en público.  

En fin, no sé exactamente como describir mi habla, pero sé que no me gusta mucho hablar, pero sé que en el aula de clase voy a tener que ser una experta en eso de hablar, de dar discursos, de hacer vida los conceptos enunciándolos de manera correcta y ordenada. 

sábado, 6 de agosto de 2016

Segunda elucubración: Frustración.

Sábado 06/ 08/ 2016, Juegos Olímpicos, 71 años del bombardeo a Hiroshima. Miro la pantalla de mi pc , 6:44 pm, música japonesa a toda en mis audífonos, y no sé qué escribir, clamo por un poco de inspiración, como si fuera una sed vital, no se me ocurre nada... ya me frustré.

Cuando uno escribe o intenta escribir, el sentimiento más común y natural es el de la frustración, debido a que hacer que las ideas de uno se vuelvan verbo es  cosa espinosa, en especial cuando se escribe desde lo imprevisto, sin plan, "sin vaselina", y lo peor, sin inspiración. Pero, ¿qué es la inspiración?, ¿cómo inspirarse?, ¿por qué es importante inspirarse?, y ¿por qué es tan  frustrante no inspirarse?, ¿la frustración puede ser una forma de inspiración para escribir? (como le sucede a la autora de este blog) 

Bueno, ya postulé muchos interrogantes, ahora hay que darles alguna respuesta: 

Alguna vez leí en Soy un gato (sí ,ese libro de nuevo) que la inspiración era la forma en que los poetas disfrazaban su locura, su maña de nombrar las cosas con otras palabras y de montar cierta "conspiración lírica" para engañarse de sus problemas mentales, o algo más textual : "La inspiración no es más que una especie de locura pasajera y, precisamente, por su condición de pasajera es por lo que muchos poetas han logrado no acabar con sus huesos en el manicomio". Ahora bien, Sōseki pudo haber sido algo radical, pero, aquí otro punto de vista de uno de los grandes filósofos de la Antigua Grecia, quien también trató el tema de la inspiración. Platón catalogaba a la inspiración como "locura divina", algo que los dioses le otorgaban al hombre para que fuera más allá, para que pudiera apreciar la divinidad y desarrollar bellas poesías. En cierto modo, la inspiración puede verse como una especie de locura mañosa, o "un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos"como decía Rimbaud, también, como un viento tipo rosa de Guadalupe que lo atraviesa a uno y le da fuerzas para desgarrarse en el papel, una locura que, a pesar del estado de ánimo, se recibe de buena manera, y es hasta placentera.

Y, entonces, ¿cómo se inspira uno?

Mucha gente para poder escribir utiliza drogas de diversa índole y, pues yo no lo he hecho, pero me imagino que después de semejante viaje, uno debe volver renovado e inspirado, con ganas de romper el papel a lapicerazos o con muchas ganas de comer y luego ponerse a hacer lo anterior. También, algunos literatos y filósofos recurrían a dar un paseo, algunos se embriagaban hasta el cansancio, y otros caían en las garras de la perfidia o el desamor y así desataba la locura creadora. O, otros individuos con una gran virtud, escriben de la manera más sencilla: se plantan frente al papel y hacen de las suyas, eso es talento, uno muy único y  pocas veces se encuentran individuos con tanta fecundidad para las ideas.

¿Por qué eso de inspirarse?

Porque, como la mayoría de cosas en la vida, siempre es bueno hacer las cosas con pasión, con voluntad creadora, pues no hay nada más tedioso que verse coaccionado por algo que uno no desea hacer, pero que de todas maneras uno hace, porque la vida es menesterosa y cuando toca, toca. Aunque, aquí viene lo que me inquieta, que a partir de ese "no puedo escribir", o "no me sale", uno puede darle vida a las ideas, y hacer algo medio bueno, porque cuando uno se frustra, reflexiona, y ese reflexionar lleva a proponer nuevos horizontes de sentido en donde las palabras fluyen para escribir un blog para una materia de 3 créditos, 3 días de la semana, llamada Naturaleza de las áreas. Y creo que ya me "inspiré" mucho, lo que les puedo decir en esta entrada, mis queridos lectores, es que busquen la inspiración y el deseo de escribir en las cosas más cercanas a ustedes: la sonrisa de la madre, una buena sonata, una comida deliciosa, una charla con alguien que no veían hace mucho, vivan conscientes y no dejen que la monotonía  los ciegue. (Y escriban sin por qué, porque vivir es sin porqué como decía el muy citado Jorge Larrosa).