"Oh, quisiera escribirlo todo, volcarlo todo, sin guardar nada". —Dazai Osamu. Así como decía Dazai, lo que quiero con este blog es escribir sobre las cosas que me conmueven en relación con cuatro palabras fundamentales para mi vida y mi quehacer como futura maestra. No es nada más, ni menos que eso.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Decimoquinta elucubración: Adiós
Esta es la última entrada de este blog, le agradezco mucho al profesor y a mis compañeros por leerme, y sinceramente no quisiera escribir sobre algo en específico, solo quisiera dejar esta entrada como una reflexión sobre la importancia de todas las habilidades en nuestro trasegar cotidiano como maestros, la importancia de escuchar la voz de nuestros estudiantes, de leer para comprender mejor y de escribir para transformar nuestra realidad, y de manejar un discurso que invite al pensar, a la reflexión, al buscar, a la investigación, porque el hombre se perfecciona y se hace digno mientras más reflexiona y se piensa en el mundo, con el otro y lo otro.
Solo puedo decir: Adiós, espero verlos el próximo semestre y compartir con ustedes gratas experiencias de aprendizaje.
PD1: no me gustan las despedidas, a esto se debe la brevedad de mi entrada.
PD2: Faltaba mi foto con un gato:
Decimocuarta elucubración: Recordando a aquel escritor que filosofaba
Mis apreciaciones sobre aquel escritor que filosofaba: Albert Camus
"Llega siempre un tiempo en el que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Eso se llama hacerse un hombre. Esos desgarramientos son espantosos, pero para un corazón orgulloso no puede haber término medio".
—Albert Camus, El mito de Sísifo
NOTA: Cuando supe que podíamos escribir sobre un escritor que haya ganado premio Nobel me sentí muy feliz, aunque al principio no pensé en Camus, pensé más bien en Kenzaburō Ōe, o en Kawabata Yasunari, pero Camus me marcó de una manera impresionante, mucho más que aquellos dos escritores, de los cuales he leído un número significativo de obras como Una cuestión personal, La presa, Arrancad las semillas, fusilad a los niños, El grito silencioso ( Ōe), La bailarina de Izu, La casa de las bellas durmientes, El rumor de la montaña, País de nieve, Primera nieve en el monte Fuji (Kawabata). El francés nacido en Argelia, quien creía fuertemente en la condición humana, le ganó a dos grandes japoneses quienes creyeron en la decadencia y anti-valores de su pueblo en transición.
En 1957, Albert Camus, el escritor y filósofo argelino ganó el Premio Nobel de Literatura, con la siguiente consigna: «por su importante producción literaria, que con una seriedad clarividente ilumina los problemas de la consciencia humana en nuestra época». Muchos conocen a este autor por libros como El extranjero, aquel libro de un hombre fuera del lugar que habita, cuya frase más común es "me es indiferente", cuya filosofía inspiró a The Cure a escribir Killing an arab , o La peste obra de la cual rescato este fragmento:
"El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello".
Ah, y no olvidemos a La caída, una obra de Camus que recomiendo mucho y que contiene frasesconmovedoras sobre la vida como estas:
"El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello".
Ah, y no olvidemos a La caída, una obra de Camus que recomiendo mucho y que contiene frasesconmovedoras sobre la vida como estas:
“Tan cierto es eso que raras veces confiamos en los que son mejores que nosotros. Antes bien, huimos de su compañía. Al contrario, nos confesamos a menudo con aquellos a quienes nos parecemos y que comparten nuestras debilidades. Por tanto no deseamos corregirnos, ni mejorar: sería necesario para ello primero que se nos pillara en falta. Deseamos solamente que se nos tenga compasión y que se nos anime en nuestro camino”.
“A partir del día que me puse en alerta, me vino la lucidez. Recibí todas las heridas al mismo tiempo y perdí mis fuerzas de golpe. El universo entero se echó a reír a mi alrededor”.
No es que no quiera escribir el blog, porque me ven citando tanto, simplemente me encanta el pensamiento de Camus, su comprensión del mundo, la relación del hombre con el universo, su concepción del absurdo, este autor es maravilloso e inspirador, si sabe leerse, por supuesto, por lo que no me voy a extender mucho, más bien los voy a invitar a leerlo.
sábado, 22 de octubre de 2016
Decimotercera elucubración: Reconstruyendo
Esta semana quisiera reconstruir una historia que me contó mi abuelo materno, una historia un poco tétrica, pero que él me contó con una mirada llena de sosiego, con ritmo lento y casi arrastrando cada palabra, quiero reconstruirla desde los límites de mi capacidad para narrar, aquí va:
Era una tarde clara de diciembre, una de esas tardes que no evocan mucho, pues pasan sin pena ni gloria, yo estaba sumido en un letargo producto de aquella tarde tan anodina, mientras regaba las plantas del jardín delantero cuando la vecina me grita con un tono de desespero en su voz:
— Niño Rafa, niño Rafa, necesito urgente su ayuda
—Yo salí un poco del letargo y le dije: "¿Qué pasó, Doña Emilia?"
—Mijo, es que la niña está muy mal, ya le he dado de todo y no progresa, yo veo que se está es como muriendo, ¿usted me hace el favor de llevarla donde la médica que yo le pago?, es que usted sabe que yo no puedo dejar a mis otros niños, hágame ese favor, ¿sí?
El tono suplicante de doña Emilia y su mirada de dolor me llevaron a decirle:
—"Sí, mañana en la mañana partiré con ella".
—Gracias, mijo —dijo— y se fue.
A la mañana siguiente comencé a prepararme para partir hacia el pueblo, eran 5 horas caminando, pues no había de otra, ya que hasta la vereda donde vivíamos no llegaba transporte y tocaba caminar 3 horas para conseguir transporte al pueblo, y este solo funcionaba los domingos; la urgencia de Doña Emilia y su hija se gestó un martes, por lo que tenía que partir con ella lo más rápido posible, tenía que cargarla, pues ella difícilmente podría sostenerse, así que preparé una especie de cargador para llevar a la muchacha de Doña Emilia quien llamaba a su hija de 14 años "niña". Así desayuné en abundancia, pues de esa manera lo quiso mi madre quien me echaba la bendición y me decía que tuviera cuidado en el camino. Yo tenía 19 años y pocas veces había ido al pueblo, estaba acostumbrado al campo, a mirar las montañas que me rodeaban, a veces con felicidad y a veces con melancolía, a cultivar la tierra y a comer sancocho, frijoles, carne gorda y una buena jarra de "guandolo", el que me da energías durante el arduo trabajo del campo.
Cuando estuve listo, fui a la casa de Doña Emilia, la que quedaba a 15 minutos de la mía, pude ver a aquella muchacha de pechos leves, medio metida en un vestido de flores con una cara más de muerta que de viva esperando mi llegada, ella me sonrió con fuerza, mientras su madre me pedía que la cuidara e hiciera todo lo posible para que se salvara, puesto que ella era su hija favorita y no la quería ver morir tan joven, yo asentí y la acomodé en mi espalda en el cargador improvisado que hice, ella parecía una muñeca, no pesaba mucho, pues era flaca como gato de pobre y sus cabellos eran negros, largos y brillantes, su piel era pálida, casi marchita, sus ojos tristes y enfermos eran de un color verde que irradiaba frescura como una pradera bañada por gotas de rocío en un amanecer estival y sus labios permanecían rojos, como si la muerte los llenará de besos, antes de llevársela de una vez por todas.
Ya había caminado con ella aproximadamente una hora, ella dormía tranquila, con una mejilla apoyada en mi hombro, su respiración era suave, no me pesaba, pues yo era un muchacho alto, fornido, a quien tanto caldo de Gallina, frijoles y trabajo en el campo lo habían transformado en un muchacho imbatible y con mucha tesura. La madre de aquella muchacha, cuyo nombre es María, me dio algunos pesos para gastar en el pueblo y para pagar lo que necesitara su "niña", no podía parar de pensar en lo que podría comprar con esa pequeña suma de dinero, que para mí era como una puerta a lo desconocido, algo de variedad para quien las montañas son su claustro y sustento, ahí, luego del piense y piense sobre en qué gastar el dinero, María comenzó a decir cosas con poca coherencia: "Madre, me quiero casar", "Madre, a veces veo a un ángel que me dice que agarre su mano", "Madre, no me quiero ir", de cuando en cuando decía estas cosas en un tono bajo, yo supuse que estaba delirando y le ponía paños en la frente y mojaba sus labios, ella decía esto dormida, yo intentaba ignorar sus palabras.
Llegamos al pueblo, luego de siete horas, pues tuve que parar mucho para auxiliar a María, quien estaba como en otro mundo, comió con dificultad y nunca me habló, cuando llegamos donde la médica ella me dijo que María iba a morir pronto, que no había esperanza para ella, que si aguantaba el viaje de regreso a casa era mucho, que mejor me apurara para que alcanzara a morir en el seno de su casa y madre. Sus palabras me aporrearon, todo aquel viaje para nada, todo este camino le había quitado horas de su corta vida, las que pudo haber pasado con su madre y hermanos.
Reinicié el camino ipso facto, sin gastar ni un maravedí, mi misión era llevar a aquella muchacha delirante a su hogar antes de morir, lo cual intenté hacer casi corriendo, pero fue inútil, pues en la tercera hora de camino María se agarró muy fuerte de mí y mordió mi hombro derecho, luego dejé de sentir su respiración, aquella muchacha de ojos hermosos y pechos leves había muerto en mi espalda. Se fue, sin decir nada, lo último que dijo fue en el consultorio de la médica: "Madre, quiero agarrar la mano del ángel", mientras abría sus ojos con una mirada extática, para luego cerrarlos y poner una mano en su estómago. Ahora, estaba cargando un cuerpo yerto e inerme, no sabia qué decirle a su madre exactamente y la idea de cargar un cuerpo sin vida por unas 3 horas aproximadamente, me aterraba. Pero, tuve que hacerlo, con el resultado curioso de que su cuerpo, en poco tiempo, resultó tan pesado como un bulto de piedras.
Llegué a casa cayendo del agotamiento que sentía, mi madre lloró al saber de la muerte de María, y rápidamente llamó a su madre quien no pudo parar de llorar sobre el cuerpo de su adorada "niña", María fue enterrada al día siguiente, rodeada de sus hermanitos y los sollozos de su madre. Suelo cuidar las flores que crecen en su tumba y recordar aquel hecho con cierta tristeza.
Era una tarde clara de diciembre, una de esas tardes que no evocan mucho, pues pasan sin pena ni gloria, yo estaba sumido en un letargo producto de aquella tarde tan anodina, mientras regaba las plantas del jardín delantero cuando la vecina me grita con un tono de desespero en su voz:
— Niño Rafa, niño Rafa, necesito urgente su ayuda
—Yo salí un poco del letargo y le dije: "¿Qué pasó, Doña Emilia?"
—Mijo, es que la niña está muy mal, ya le he dado de todo y no progresa, yo veo que se está es como muriendo, ¿usted me hace el favor de llevarla donde la médica que yo le pago?, es que usted sabe que yo no puedo dejar a mis otros niños, hágame ese favor, ¿sí?
El tono suplicante de doña Emilia y su mirada de dolor me llevaron a decirle:
—"Sí, mañana en la mañana partiré con ella".
—Gracias, mijo —dijo— y se fue.
A la mañana siguiente comencé a prepararme para partir hacia el pueblo, eran 5 horas caminando, pues no había de otra, ya que hasta la vereda donde vivíamos no llegaba transporte y tocaba caminar 3 horas para conseguir transporte al pueblo, y este solo funcionaba los domingos; la urgencia de Doña Emilia y su hija se gestó un martes, por lo que tenía que partir con ella lo más rápido posible, tenía que cargarla, pues ella difícilmente podría sostenerse, así que preparé una especie de cargador para llevar a la muchacha de Doña Emilia quien llamaba a su hija de 14 años "niña". Así desayuné en abundancia, pues de esa manera lo quiso mi madre quien me echaba la bendición y me decía que tuviera cuidado en el camino. Yo tenía 19 años y pocas veces había ido al pueblo, estaba acostumbrado al campo, a mirar las montañas que me rodeaban, a veces con felicidad y a veces con melancolía, a cultivar la tierra y a comer sancocho, frijoles, carne gorda y una buena jarra de "guandolo", el que me da energías durante el arduo trabajo del campo.
Cuando estuve listo, fui a la casa de Doña Emilia, la que quedaba a 15 minutos de la mía, pude ver a aquella muchacha de pechos leves, medio metida en un vestido de flores con una cara más de muerta que de viva esperando mi llegada, ella me sonrió con fuerza, mientras su madre me pedía que la cuidara e hiciera todo lo posible para que se salvara, puesto que ella era su hija favorita y no la quería ver morir tan joven, yo asentí y la acomodé en mi espalda en el cargador improvisado que hice, ella parecía una muñeca, no pesaba mucho, pues era flaca como gato de pobre y sus cabellos eran negros, largos y brillantes, su piel era pálida, casi marchita, sus ojos tristes y enfermos eran de un color verde que irradiaba frescura como una pradera bañada por gotas de rocío en un amanecer estival y sus labios permanecían rojos, como si la muerte los llenará de besos, antes de llevársela de una vez por todas.
Ya había caminado con ella aproximadamente una hora, ella dormía tranquila, con una mejilla apoyada en mi hombro, su respiración era suave, no me pesaba, pues yo era un muchacho alto, fornido, a quien tanto caldo de Gallina, frijoles y trabajo en el campo lo habían transformado en un muchacho imbatible y con mucha tesura. La madre de aquella muchacha, cuyo nombre es María, me dio algunos pesos para gastar en el pueblo y para pagar lo que necesitara su "niña", no podía parar de pensar en lo que podría comprar con esa pequeña suma de dinero, que para mí era como una puerta a lo desconocido, algo de variedad para quien las montañas son su claustro y sustento, ahí, luego del piense y piense sobre en qué gastar el dinero, María comenzó a decir cosas con poca coherencia: "Madre, me quiero casar", "Madre, a veces veo a un ángel que me dice que agarre su mano", "Madre, no me quiero ir", de cuando en cuando decía estas cosas en un tono bajo, yo supuse que estaba delirando y le ponía paños en la frente y mojaba sus labios, ella decía esto dormida, yo intentaba ignorar sus palabras.
Llegamos al pueblo, luego de siete horas, pues tuve que parar mucho para auxiliar a María, quien estaba como en otro mundo, comió con dificultad y nunca me habló, cuando llegamos donde la médica ella me dijo que María iba a morir pronto, que no había esperanza para ella, que si aguantaba el viaje de regreso a casa era mucho, que mejor me apurara para que alcanzara a morir en el seno de su casa y madre. Sus palabras me aporrearon, todo aquel viaje para nada, todo este camino le había quitado horas de su corta vida, las que pudo haber pasado con su madre y hermanos.
Reinicié el camino ipso facto, sin gastar ni un maravedí, mi misión era llevar a aquella muchacha delirante a su hogar antes de morir, lo cual intenté hacer casi corriendo, pero fue inútil, pues en la tercera hora de camino María se agarró muy fuerte de mí y mordió mi hombro derecho, luego dejé de sentir su respiración, aquella muchacha de ojos hermosos y pechos leves había muerto en mi espalda. Se fue, sin decir nada, lo último que dijo fue en el consultorio de la médica: "Madre, quiero agarrar la mano del ángel", mientras abría sus ojos con una mirada extática, para luego cerrarlos y poner una mano en su estómago. Ahora, estaba cargando un cuerpo yerto e inerme, no sabia qué decirle a su madre exactamente y la idea de cargar un cuerpo sin vida por unas 3 horas aproximadamente, me aterraba. Pero, tuve que hacerlo, con el resultado curioso de que su cuerpo, en poco tiempo, resultó tan pesado como un bulto de piedras.
Llegué a casa cayendo del agotamiento que sentía, mi madre lloró al saber de la muerte de María, y rápidamente llamó a su madre quien no pudo parar de llorar sobre el cuerpo de su adorada "niña", María fue enterrada al día siguiente, rodeada de sus hermanitos y los sollozos de su madre. Suelo cuidar las flores que crecen en su tumba y recordar aquel hecho con cierta tristeza.
Duodécima elucubración: Mi proceso de adquisición del lenguaje
¡Oh! La infancia, ¡Oh! Comparación inaprensible.
¿Adónde fue, adónde?
— Rainer María Rilke
Hace unos días mi madre estaba buscando unos papeles y, como buena mamá se puso a organizar el estante donde los buscaba, en esas encontró unos cuadernos viejos que puso a un lado para botarlos, pero yo dije: "no tan rápido" y empecé a hojearlos, mirar cada letra e información escrita allí, y encontré en las últimas páginas de uno de aquellos cuadernos mi carné de pre-escolar y muchas planas, que al preguntarle a mi madre por ellas, me dijo que a ella le gustaba ponerme planas y dibujos para que practicara, así supe que había encontrado el "cuaderno de las planas", en el cual pude ver mi proceso de adquisición de la lengua, pues además, mi madre me dijo que en aquel cuaderno me puso a practicar por varios años, lo que me emocionó mucho, pues pude ver mi desarrollo a la luz de los lineamientos curriculares, por ejemplo: cuándo empecé a seguir un orden, una linealidad, cómo perfeccioné la escritura de algunas letras, el desarrollo de la coherencia y cohesión en las palabras y oraciones que escribía, etc. fue muy interesante ver esto, por lo que les pondré algunas fotos de ello:
Este carné es del año 2002, tenía 4 años
Aquí se puede ver una escritura más suelta y definida
"Mi papá es un tipo serio"
Una bailarina
Mi madre me dijo que esta plana es de cuando estaba en segundo
Plana de primer grado (5 años)
Primer grado
Cuando empezaba a reconocer mi nombre...
Mamá
Mi madre me dijo que a ella siempre le decían que yo era una niña muy expresiva y que tenía una muy buena ortografía y léxico, si miran las planas, mi madre siempre me enseñaba diversas palabras, también me compraba sopas de letras, libros para colorear y cuentos. A ella le debo mi buen manejo de la lengua, pues ella potenció y estimuló mi buen proceso de adquisición de la lenguay mi amor por las letras, porque recuerdo que ella nos llevaba, a mi hermano y a mí, a la sede de la Biblioteca Pública Piloto, Juan Zuleta Ferrer en Campo Valdés y nos leía cuentos, nos mostraba imágenes, hacia las tareas con nosotros, luego nos compraba un helado y llevaba a mi hermano a fútbol y a mí a natación, y ella se quedaba leyendo, después de terminar nuestras actividades deportivas, nos íbamos caminando a casa y ella nos hablaba de palabras nuevas y lo que había leído.
sábado, 8 de octubre de 2016
Undécima elucubración: Junín
"El pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo"
—Carlos Fuentes
Esta semana tuve que ir a Junín con la playa, en pleno centro, por cuestiones académicas. No sabía ni cómo llegar al lugar, pero, contaba con mis compañeros quienes están terminando la carrera de arquitectura, y mientras andábamos por el Parque Berrío, ellos hablaban del centro hace unos años, de los edificios, su construcción, sus funciones, etc. Y de historia en historia, llegamos a Junín, un pasaje del cual ya había escuchado, pues un amigo me hablaba mucho del olvidado Teatro Junín, y me decía que a él le hubiera gustaba estar allí, en las obras de teatro, en las presentaciones de las orquestas, ir al cine de esos tiempos, y otras cosas que me generaron curiosidad y así encontré imágenes muy bellas de aquel teatro en Internet, quedé sorprendida por el hecho de que Medellín , por algunas décadas, tuvo aquella imponente y hermosa construcción:
Este teatro fue construido en 1924 por un arquitecto belga llamado Agustín Goovaerts, y podía albergar a 4.200 personas, llegó a ser, en su tiempo, uno de los 4 teatros más grandes del mundo, y fue escenario de múltiples acontecimientos de índole político, cultural, artístico y musical, pero fue derrumbado en 1967 para construir el edificio Coltejer.
Cartel de presentación de una obra de teatro.
Ya en Junín, pude observar la dinámica del lugar: gente yendo y viniendo de un lugar a otro, casi siempre de afán, uno que otro viejito sentado, ya sea con un periódico en las manos, u observando a la gente con cierta nostalgia en la mirada, también, pude ver que en el lugar había muchos puestos de flores, negocios de artesanías y lugares para comer, entre ellos el Salón Versalles y la repostería Astor, lugares tradicionales, que en otros tiempos albergaban a celebridades, artistas y escritores, como el reconocido escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo, quien escribió Aire de tango en el segundo piso del salón, y los nadaístas, quienes se reunían allí para hacer sus tertulias.
Así, mientras observaba y escuchaba a mis compañeros hablar sobre el Junín viejo y el Junín moderno, pensaba en como sería "juniniar" en los años 60/70, en ser fotografiada por los fotocineros, quienes se dedicaban a tomar fotos a los transeúntes, por lo general desprevenidos, para ganarse unos pesos:
Y también, ver a los muchachos y tomar un helado en alguna de sus famosas heladerías, pues Junín era un lugar de encuentro, de reunión, movía a mucha gente y solía ser muy seguro, era prácticamente un centro comercial al aire libre. Por otro lado, algo que me llamó la atención fue cuando mis amigos dijeron que la gente sentía la pérdida del Teatro Junín como una herida permanente, pues este lugar promovía movimientos culturales y un lugar de encuentro para muchos poder disfrutar de las artes, ya que esto quedó en el aire, pues no se construyó o se reemplazó el lugar por otro que promoviera las artes y la cultura de la manera que lo hacia el Teatro. Esto fue lo que quedó de él:
Y se convirtió en esto:
El primer rascacielos del país.
Al ver esas imágenes, se siente cierta nostalgia y la imaginación vuela a los parajes de una ciudad en crecimiento, con jovencitas en bellos vestidos, y jóvenes con pantalones de paño y sombrero que les sonreían coquetamente, las madres con sus niños de la mano, dando un paseo y comprando una muda de ropa nueva, o cachivaches diversos, las parejas caminando a la función de una película americana o al teatro, las familias dando un paseo, y los autos yendo y viniendo a los lados, porque Junín apenas se peatonalizó en los años ochenta, en fin, hoy Junín es otra cosa, hay más comercio que cultura y ya no hay muchachos mirando a su próxima novia o muchachas en bellos vestidos arrojando miradas por ahí, o madres con sus niños comiendo un helado. Ya no hay teatros, ya no hay cafés, ya la gente pasa por Junín y no se queda, pero así son las cosas, cambian para mejor o peor, saber qué pasó en esta situación: depende de dónde se mire.
domingo, 2 de octubre de 2016
Décima elucubración: Baudelaire.
Charles Baudelaire.
En esta entrada quisiera hablar sobre el autor que despertó en mi el amor por la poesía: Charles Baudelaire, pero, esto pasó gracias a un manga con el mismo nombre de su obra más notable, aquí va la historia:
Así, me entró curiosidad y empecé a buscar poemas de Baudelaire en Internet y me gustaron muchísimo, por tanto quise prestar Las flores del mal en la biblioteca de Sabaneta, lugar al que mi madre me solía llevar a leer y a prestar libros, en especial, los de Laura Restrepo, aquí hago una pequeña digresión: en la biblioteca de Sabaneta solo había tres libros de Laura Restrepo: Dulce Compañía, Leopardo al sol y Delirio, y solo hasta que llegué a la Universidad pude leer toda su obra narrativa, pues no solía salir mucho de Sabaneta y no conocía bibliotecas más grandes como la Piloto o la biblioteca de la U de A.
Ahora, cuando comencé a leer a Baudelaire encontré cierto lo que decía Takao en las primeras páginas del manga (imagen 2), el libro era algo completamente diferente a lo que había leído en mis cortos 16 años, los poemas me causaban un mar de sensaciones y de visiones, las palabras de Baudelaire se convirtieron para mi en una música exótica y bohemia, porque eso era Baudelaire, un bohemio amante de los placeres efímeros, exóticos, del tabaco y las borracheras con tertulia incluida con literatos decadentes en el barrio latino. Y, así fui viajando por sus verso libre y enigmático y cuatro de sus poemas se convirtieron en palabras más allá de todo para mí y extático es el momento en el que los vuelvo a leer, aquellos poemas son: El extranjero, Conversación,Cielo nublado y La máscara, por su belleza y a la vez misterio, pues me hacen pensar en otras realidades posibles, también porque mis emociones se avivan al leer aquellos poemas, pues bien sabemos que Baudelaire era un maestro de la emoción y del juego con la realidad.
En fin, quería hacer una corta entrada sobre el poeta que tanto me gusta, y quien me hizo conocer la poesía, pues antes de Baudelaire no hubo nada, no trabajé ni a un solo poeta en mi colegio, ni siquiera al gran José Asunción Silva, o al poeta de nuestro pueblo: Julio Floréz, o a otro poeta del corte de Baudelaire como Rimbaud, Verlaine o Mallarmé, todo vino gracias a este manga, en el que hay otras referencias a poetas y autores de diversos lugares del mundo, y esto me hizo enamorarme de la poesía y de reconocer la riqueza del lenguaje cuando el poeta juega con letras, palabras, frases, rimas, para dejar volar sus emociones.
Imagen 1
Ahora, cuando comencé a leer a Baudelaire encontré cierto lo que decía Takao en las primeras páginas del manga (imagen 2), el libro era algo completamente diferente a lo que había leído en mis cortos 16 años, los poemas me causaban un mar de sensaciones y de visiones, las palabras de Baudelaire se convirtieron para mi en una música exótica y bohemia, porque eso era Baudelaire, un bohemio amante de los placeres efímeros, exóticos, del tabaco y las borracheras con tertulia incluida con literatos decadentes en el barrio latino. Y, así fui viajando por sus verso libre y enigmático y cuatro de sus poemas se convirtieron en palabras más allá de todo para mí y extático es el momento en el que los vuelvo a leer, aquellos poemas son: El extranjero, Conversación,Cielo nublado y La máscara, por su belleza y a la vez misterio, pues me hacen pensar en otras realidades posibles, también porque mis emociones se avivan al leer aquellos poemas, pues bien sabemos que Baudelaire era un maestro de la emoción y del juego con la realidad.
En fin, quería hacer una corta entrada sobre el poeta que tanto me gusta, y quien me hizo conocer la poesía, pues antes de Baudelaire no hubo nada, no trabajé ni a un solo poeta en mi colegio, ni siquiera al gran José Asunción Silva, o al poeta de nuestro pueblo: Julio Floréz, o a otro poeta del corte de Baudelaire como Rimbaud, Verlaine o Mallarmé, todo vino gracias a este manga, en el que hay otras referencias a poetas y autores de diversos lugares del mundo, y esto me hizo enamorarme de la poesía y de reconocer la riqueza del lenguaje cuando el poeta juega con letras, palabras, frases, rimas, para dejar volar sus emociones.
Imagen 1
Imagen 2
viernes, 23 de septiembre de 2016
Novena elucubración: un poemazo sin verbos y algo así como otra cosa que intenta ser un poemita sin verbos
Antes de mostrarles mi poema, quisiera tomar la libertar de mostrarles el poema con el que hice el ejercicio en clase y como quedría sin verbos:
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo, todavía, como si todo esto,
que una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones,
tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y, tan esbelto
fugitivo, el que , a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Con verbos
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo, todavía, como si todo esto,
que una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones,
tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y, tan esbelto
fugitivo, el que , a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Con verbos
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Ahora mi poema:
¿Amor- desamor -amor?
Cometa colorida,
tarde de agosto,
monataña lejana,
viento fuerte,
bebidas y risas,
caricias y abrazos,
luego, besos indecisos,
especie de engaño,
cosa sin fin,
ojos engañosos,
sonrisa péfida,
corazón reseco,
manos vacías,
juego insignifcante,
niño esquivo,
pez errante,
vida incomprendida,
vacío insondable,
mente corrompida,
pecado imperdonable,
amor pasado,
mejillas rojas,
besos en la tarde de agosto,
letargo y hastío en septiembre,
amor insulso,
incomprensión entre dos,
ojos llorosos,
partida,
adiós,
batracio,
dolor,
superación,
amigas cercanas,
manos danzantes,
comida grasosa,
helado abundante,
preocupación,
orgullo,
vacío,
melancolía,
reflexión,
frustración,
reafirmación,
esperanza,
cortejo,
cadena inevitable.
domingo, 18 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
Séptima elucubración: Manual de instrucciones para hacer un examen
ADVERTENCIA: Este manual no le asegurará el éxito en su examen, pero sí podría garantizarle un mejor desempeño en la realización de este.
1. Duerma profundamente la noche anterior, no se quede estudiando hasta pocas horas antes del examen, pues el examen podría causar alucinaciones y este podría convertirse en una almohada o un lugar cómodo para apoyar la cabeza y dejarse cobijar por el seno de Morfeo por unos minutos, para luego, después de habitar aquel cálido paraje, ser objeto de burla por parte del maestro o los propios compañeros, esos que están igual de soñolientos que usted y que ríen, pero en el fondo les gustaría hacer lo mismo.
2. Recé a sus dioses o a su entidad divina, superior, beatifica de confianza, ya sea Jesucristo, Mahoma, Buda, Izanagi, el cristo de Balandú, Santa María Bailarina... Además, aférrese a algo, a su sueño más preciado, a la coca que se va a poder comer más rápido si acaba pronto el examen, al recuerdo de la persona que ama o que quiere, sea que le corresponda o no, a lo que pueda, pero que le dé ánimo.
3. Estudie, estudie y estudie hasta que sienta los ojos resecos, el estómago clamando por comida, porque cuando uno estudia se le alborota la solitaria que tiene adentro, y no hay café o galletas que la amansen; estudie, hasta que se sienta torturado metafísicamente por ese cálculo, por esa cultura, por esa pedagogía Pestalozzinana, que intenta aprender, repasar, memorizar y a veces, piensa que es mejor no intentarlo más, porque el tema está muy duro y la noche no dura para tanto. Pero, existe ese líquido multi-usos y multi-situación: el café, úselo para no dormirse, y si no sirve, para eso está la Coca-Cola y el Vive cien, Pd: no tome mucho, porque le puede dar un patatús o un ataque de hiperactividad.
4. Cuando llegue el día, levántese rápido, no se quede añorando el calor de su cama, y báñese con agua fría, lo importante es no tener miedo, llegar temprano y con semblante de guerrero que va a combatir una batalla epistemológica de vida o muerte.
5. Haga el examen y no se arrepienta de nada.
6. Probablemente se arrepentirá de algo, espere a su compañero de confianza, compare respuestas, hable de lo fácil o difícil del examen, prepárese para el consenso o disenso, sea lo que sea, sonría y siga su día, si puede, haga algo alegre, que le haga sentir bien y espere los resultados del examen.
Esto no tiene que ver con la actividad de esta semana para el blog, pero quiero compartir mi felicidad con ustedes: En el marco de la décima fiesta del libro y la cultura, conocí a dos escritoras que admiro con todo mi ser: Laura Restrepo (Colombia) y Janne Teller (Dinamarca), aquí les dejo tres fotitos de ese feliz encuentro:
1. Duerma profundamente la noche anterior, no se quede estudiando hasta pocas horas antes del examen, pues el examen podría causar alucinaciones y este podría convertirse en una almohada o un lugar cómodo para apoyar la cabeza y dejarse cobijar por el seno de Morfeo por unos minutos, para luego, después de habitar aquel cálido paraje, ser objeto de burla por parte del maestro o los propios compañeros, esos que están igual de soñolientos que usted y que ríen, pero en el fondo les gustaría hacer lo mismo.
2. Recé a sus dioses o a su entidad divina, superior, beatifica de confianza, ya sea Jesucristo, Mahoma, Buda, Izanagi, el cristo de Balandú, Santa María Bailarina... Además, aférrese a algo, a su sueño más preciado, a la coca que se va a poder comer más rápido si acaba pronto el examen, al recuerdo de la persona que ama o que quiere, sea que le corresponda o no, a lo que pueda, pero que le dé ánimo.
3. Estudie, estudie y estudie hasta que sienta los ojos resecos, el estómago clamando por comida, porque cuando uno estudia se le alborota la solitaria que tiene adentro, y no hay café o galletas que la amansen; estudie, hasta que se sienta torturado metafísicamente por ese cálculo, por esa cultura, por esa pedagogía Pestalozzinana, que intenta aprender, repasar, memorizar y a veces, piensa que es mejor no intentarlo más, porque el tema está muy duro y la noche no dura para tanto. Pero, existe ese líquido multi-usos y multi-situación: el café, úselo para no dormirse, y si no sirve, para eso está la Coca-Cola y el Vive cien, Pd: no tome mucho, porque le puede dar un patatús o un ataque de hiperactividad.
4. Cuando llegue el día, levántese rápido, no se quede añorando el calor de su cama, y báñese con agua fría, lo importante es no tener miedo, llegar temprano y con semblante de guerrero que va a combatir una batalla epistemológica de vida o muerte.
5. Haga el examen y no se arrepienta de nada.
6. Probablemente se arrepentirá de algo, espere a su compañero de confianza, compare respuestas, hable de lo fácil o difícil del examen, prepárese para el consenso o disenso, sea lo que sea, sonría y siga su día, si puede, haga algo alegre, que le haga sentir bien y espere los resultados del examen.
Esto no tiene que ver con la actividad de esta semana para el blog, pero quiero compartir mi felicidad con ustedes: En el marco de la décima fiesta del libro y la cultura, conocí a dos escritoras que admiro con todo mi ser: Laura Restrepo (Colombia) y Janne Teller (Dinamarca), aquí les dejo tres fotitos de ese feliz encuentro:
Con Janne Teller
Con Laura Restrepo
domingo, 4 de septiembre de 2016
Sexta elucubración: Un recuerdo, sofoco y Camilo.
Hace calor, y Camilo está aquí, frente a mí, todo perfumado y con su flanco juvenil de siempre, vamos en un autobús atiborrado de gente, lo que hace que el perfume de Camilo se pierda en un mar de emanaciones corporales variopintas, así como su voz que se me va de cuando en cuando y algo en él, tal vez su sombrero de fieltro un tanto raído y de cinta chillona, me hace recordar a aquel joven anodino, un tanto fatuo y de cuello de jirafa, que me encontré en esta misma línea hace unos días, el que protagonizó una escena lamentable, al reprocharle a alguien por empujarle y luego correr como cuarentona con tres o cuatro bolsas en mano con la compra del día al primer sitio que desocuparon.
Recuerdo el hecho con detalle, porque no solo me sorprendieron sus malas maneras, me sorprendió encontrarlo pocas horas después en uno de mis lugares preferidos, la Plaza de Roma, frente a aquella estación donde le robé un beso a Camilo hace ya un tiempo, y no solo eso fue curioso, pude oír como alguien que hablaba con él y le hacía una sugerencia insustancial sobre ponerle un botón más a su abrigo para que las chicas no huyeran despavoridas por su vello en el pecho, pues aquel hombre lo consideraba poco estético y nada atractivo, hasta dijo que lucía un tanto salvaje y eso no iba con él. En fin, reí con sorna y seguí mi camino, ahora bien, cuando vuelvo con mis cinco sentidos a la hostigante atmósfera del bus número 465 de la línea S, que comparto con 35 almas ardientes, como la de Camilo, escucho que me habla sobre su insoportable sobrinito y otras cosas que son insignificantes, pero ayudan a amainar el desespero incesante que causa este trayecto, pues tanto lo he hecho que ya poco significa.
domingo, 28 de agosto de 2016
Quinta elucubración: Tres puntos para el tedio y uno para la ilusión.
“Vacilan y caen los hombres sufrientes, ciegos, de una hora en la otra, como aguas de roca en roca lanzados, eternamente, hacia lo incierto.”
― Friedrich Hölderlin
A veces, por los ires y venires de la vida, las cosas pierden su sentido y ya nada representa un consuelo para uno, no importa cuántos libros maravillosos leas, no importa cuántas palabras reconfortantes recibas de aquellos quienes son cercanos a ti, no importa si compras tu comida chatarra favorita, o si te sientas frente a un árbol a buscar la iluminación zen o a que un fruto te golpee la cabeza, a ver si te despiertas, es que, simplemente hay épocas tan anodinas en la vida que uno solo sigue una rutina, uno se duerme y pierde el sentido, más bien, no hay ningún horizonte, no hay ninguna compresión de sí y del mundo, uno no le da un horizonte de interpretación al mundo y vive como un guijarro negro, al lado de un camino muy transitado, el que es pateado furiosamente por la monotonía, por la insignificancia, por un desasosiego que se acepta sin pena, ni gloria, porque a pesar de todo hay que vivir, aunque sea de manera inconsciente.
Para ampliar más lo que quiero decir, traigo a colación a ese maravilloso escritor que filosofaba llamado Albert Camus, con una frase de su muy conocido libro, El extranjero:
"Y Nunca me he sentido tan profundamente, en un único y mismo momento, tan separado de mí mismo y tan presente en el mundo".
Algo así le sucede a uno, algo se separa, el "yo" se va de vacaciones, a buscar aires menos inciertos y, queda la cáscara, el vestigio de lo que uno guardaba en lo más íntimo: los sueños, las metas, los ideales, las ganas de estudiar, la fuerza para levantarse todos los días a las 5:30 am, el soportar el pensamiento incesante en la persona amada que yace en ese lugar llamado: "no te puedo hablar, porque lo arruiné, y mejor me trago el dolor, y lo convierto en desapego, porque, de lo contrario me muero de pena moral", los principios se vuelven frutos que nunca debieron ser comidos y la vida como decía quien conocía bien, el dolor y la tragedia, Hara Tamiki, ya no ofrece nada para agarrarse a ella. Y qué tiene qué ver esto con el tema que nos inquiere , pues cuando uno esta así de entumido, uno no escucha, ni escribe, ni lee igual, a pesar de que tal vez por el hecho de estar frustrado y desilusionado, uno puede escribir reflexiones interesantes sobre el asunto, pero hay casos tan extremos de tedio, de hastío y de frustración que uno se mecaniza, y hace las cosas no por voluntad, sino por impulso, porque toca. Como esa tarea de X profesora que implicaba escribir un ensayo X, como ese almuerzo que te comes día a día y parece ser el mismo, y se vuelve insípido, pues llega a no saber a nada, como ver todas esas caras que no dicen mayor cosa, pero que toca darles un detalle, un impulso, una emoción para no morir en el camino de las relaciones con el otro. En fin, en este momento me siento más o menos de esa manera y las ideas que me mueven y me representan, pierden su fuerza, lo mismo en la escritura, ya nada me inspira, o me mueve a escribir, aunque ciertas personas y autores dicen que uno debe escribir sin la influencia de las emociones, pero yo digo que son necesarias, como amar a alguien o algo, en fin, después ampliaré este tema.
Para no hacer esta entrada tan gris, pondré la foto de grandes personajes de la literatura y la filosofía con gatos, solo porque sí:
Sartre.
Foucault.
Hesse.
Aldous Huxley
Àlvaro Mutis
Y Yukio Mishima, uno de mis autores japoneses favoritos.
sábado, 20 de agosto de 2016
Cuarta elucubración: La dimensión estética de la mirada: leer la mirada como acontecimiento estético (o algo menos poético, ¿por qué la mirada es tan importante para mí?)
Soledad: una dulce ausencia de miradas.
— Milan Kundera
Y por querer cruzar de ese camino enigmático que es la mirada , he tenido la oportunidad de enfrentarme a caminos llenos de beatitud (al mirar a quienes más he querido) y también, a caminos espinosos y austeros ( al mirar a las personas que me han mostrado perfidia en sus ojos), pero el caso es que la experiencia de mirar siempre trae percepciones de las personas como: "este sí es malgeniado", "qué ternura de mirada", "ese se ve que es más goloso, con esa manera de mirar...", "esta sí es creída"... Y así podría seguir dando ejemplos de lo que se puede percibir en una mirada.
Ahora bien, en la clase del jueves 18 de Agosto, el profe expresó algo que me impactó: "tocar con la mirada", creo que no hay mejor expresión para ejemplificar lo que siempre intento hacer mirando al otro, no solo intento leer su estado de ánimo, o el trasnocho que se gesta en las ojeras por una larga noche de desvelo por hacer el trabajo de X maestro, no solo para ver si sí me está diciendo la verdad, porque si me quita la mirada diciéndome algo importante, es sospechoso, no es solo para leer tribulación o dicha en los ojos del otro, es más un asunto de mirar al otro para tocarlo con la mirada, transgredir las fibras de lo más íntimo del otro a través de ese contacto tan estrecho que se produce cuando unos ojos distraídos se encuentran en medio de una multitud que no dice nada, y en ese momento, en el que las miradas se encuentran, algo estalla, el mundo te dice algo, porque te has encontrado a tu amigo, a tu compañero, a tu pareja, a tu maestro, a alguien que carga con su mundo y su vivencia y comparte algo contigo. Pero, también hay momentos en los que te encuentras a alguien que te rompió el alma, te decepcionó, te hizo sufrir, y por razones del azar, cruzan miradas, ahí estalla otra cosa: estalla el dolor, estalla la vergüenza, estalla el remordimiento y hay algo en uno que se siente indigno de ser mirado o uno siente que es indigno mirar a quien lo lastimó a uno.
Para no hacer esto tan largo, mirar al otro es importante para mí, porque lo hago sentir importante, escuchado, apoyado y en el mirar también entra la habilidad del saber escuchar, porque si uno mira al otro, más sencillo va a ser seguir su discurso y leer su intencionalidad, adicional a esto, hay situaciones en las que la mirada se convierte en un acontecimiento estético, porque en el instante en las que ellas convergen en un escenario, en un momento y situación especial, uno puede ver que el mundo adquiere un sentido puro, relevante y ver una imagen insondable en la retina del otro hace que uno se conmueva y se siente a pensar en la profundidad de la existencia y la belleza de cada cosa.
Tal vez ustedes piensen que escribí muchas "marihuanadas" o que me inspiré de más, pero miren al otro y sientan al otro desde lo que sus ojos transmiten y dan para leer.
Hay miradas insondables
Hay miradas que producen ternura
Hay miradas que dan paz
Hay miradas jocosas, pero que muestran tesura
Y hay miradas que dan miedo, pero que retan.
Entonces, mi consejo final es: miren, miren al otro, léanlo a través de la mirada, exploren lo que cada uno guarda cuando se da ese acercamiento de mundos, de dos respiraciones que se encuentran por casualidad y tejen un diálogo insípido o nutrido en derredor de esta lucha absurda y conmovedora que es la vida.
Entonces, mi consejo final es: miren, miren al otro, léanlo a través de la mirada, exploren lo que cada uno guarda cuando se da ese acercamiento de mundos, de dos respiraciones que se encuentran por casualidad y tejen un diálogo insípido o nutrido en derredor de esta lucha absurda y conmovedora que es la vida.
lunes, 15 de agosto de 2016
Tercera elucubración: Algo así como un tratado de lo que es mi habla
"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse".
—Ludwig Wittgenstein
Otra vez estoy poco inspirada, lo cual se está volviendo un problema para mí este semestre, tal vez me falta emoción o un muso que despierte en mí deseos de exprimir pensamientos en este blog semanal. Luego de la digresión aleatoria, lo que quise escribir esta semana, tiene relación con hablar, una de las habilidades que más me asusta y que menos me gusta, desde que era una niña no me gusta hablar, soy más del tipo de chica que escucharía a alguien por horas sin cansarse, de hecho, he tenido amigos que son monotemáticos, y tengo una habilidad de escuchar su retahíla por horas, sin aburrirme. Yo me pregunto, ¿por qué es tan difícil hablar para mí?, ¿será por qué me pongo ansiosa y las palabras se parten mientras las voy enunciando?, ¿será por qué me tiembla todo mientras "me riego"?, ¿será porque empiezo a pensar cosas de lo más existenciales mientras hablo?, tales como: ¿qué hago aquí?, ¿por qué esta persona me mira de esa manera?, ¿cuál es el sentido de dar un discurso frente a este montón de gente soñolienta?, o lo más fútil, ¡Qué zapatos tan lindos!, ¡Oye, qué miedo la expresión de X persona!, ¡Tengo hambre y ya gagueé! y así sucesivamente. Creo que el problema es que hablo más de lo que debería conmigo misma y debido a las cosas que me gustan, opto por sostener ese diálogo del alma con uno mismo que Platón se llamó reflexión. ¿Cómo voy a encontrar a alguien que reflexione sobre por qué los escritores japoneses tendían al suicidio o al nacionalismo o a un rechazo total de las costumbres tradicionales de su país, o a un replanteamiento de las mismas?, o ¿alguien con quien discutir porque Murakami es tan famoso si a sus novelas se les puede sacar hasta esquema?, y otras cosas más insulsas y más "profundas" que voy pensando de cuando en cuando.
Ahora, ¿qué fue lo primero que dije?: Mi mamá me dijo que "tata", no sé si sí sea cierto o no, porque la memoria de mi madre es corta y es como la mía con respecto a mi infancia, la que pasó sin pena, ni gloria, no recuerdo muchas cosas sobre ella. Pero, cualquiera que haya sido el momento en que dije aquella palabra esta fue la primera palabra que utilicé para nombrar el mundo, y así fui creciendo, sin hablar mucho, hasta tercero donde recuerdo que escribí mi primer poema para recitarlo en público. Recuerdo estar frente a todo el colegio llena de pena, "recitando" mi poema, el que se trataba de flores o algo así. En la primaria fui una niña muy retraída, no tenía muchas amigas, tampoco tenía amigos en el lugar donde vivía, puesto que no había muchos niños, aunque recuerdo que mi vocación nació cuando empecé a enseñarle el poco inglés que sabia a dos niñas que eran mis amigas, recuerdo haberles enseñado los colores y algunos animales, ese día fui muy feliz.
Ahora, ¿qué fue lo primero que dije?: Mi mamá me dijo que "tata", no sé si sí sea cierto o no, porque la memoria de mi madre es corta y es como la mía con respecto a mi infancia, la que pasó sin pena, ni gloria, no recuerdo muchas cosas sobre ella. Pero, cualquiera que haya sido el momento en que dije aquella palabra esta fue la primera palabra que utilicé para nombrar el mundo, y así fui creciendo, sin hablar mucho, hasta tercero donde recuerdo que escribí mi primer poema para recitarlo en público. Recuerdo estar frente a todo el colegio llena de pena, "recitando" mi poema, el que se trataba de flores o algo así. En la primaria fui una niña muy retraída, no tenía muchas amigas, tampoco tenía amigos en el lugar donde vivía, puesto que no había muchos niños, aunque recuerdo que mi vocación nació cuando empecé a enseñarle el poco inglés que sabia a dos niñas que eran mis amigas, recuerdo haberles enseñado los colores y algunos animales, ese día fui muy feliz.
Ya en otro momento de mi vida, los últimos años de colegio, yo era la que representaba a mi salón, porque por alguna razón siempre soy valiente para salir a hablar al frente, pero entro en crisis cuando tengo que enfrentar el público, como cuando estaba en noveno, tuve que presentar un acto cívico y pronuncié un nombre mal y fui el hazme reír de todo el colegio por unas semanas. En fin, todas esas cosas son parte del crecimiento y el desarrollo como persona de cada uno, aunque cuando llegué a la U...
Cuando llegué a la U, no había cambiado mucho, seguía siendo la misma chica retraída de siempre, pero tenía el reto de adquirir fuerza frente a un público, porque iba a ser profesora, y básicamente mi profesión me exigía enfrentar públicos diversos todo el tiempo, y eso he estado intentado estos tres años en el que la palabra es fundamental para ser maestro, cuánto daño puede hacer uno enseñando mal un concepto o regla, o al reprender a un estudiante, uno puede matar sueños y mundos, por eso hay que tener cuidado con el discurso en esta profesión y recordar las palabras de Wittgenstein, las que están en el epígrafe y son difíciles de aplicar.
Esa foto describe a la perfección qué siento cada vez que voy a hablar en público, siempre me pregunto: "¿qué hago aquí?", "no debí haber salido", pues ese día quise leer un poema que había escrito sobre un chico que me dio mucha inspiración el tercer semestre FRENTE A TODA LA FACULTAD, no fue buena idea, porque me trabé mucho, pero lo importante es que reté mi miedo a hablar en público.
En fin, no sé exactamente como describir mi habla, pero sé que no me gusta mucho hablar, pero sé que en el aula de clase voy a tener que ser una experta en eso de hablar, de dar discursos, de hacer vida los conceptos enunciándolos de manera correcta y ordenada.
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