Las elucubraciones de una maestra en formación de diecinueve años
"Oh, quisiera escribirlo todo, volcarlo todo, sin guardar nada". —Dazai Osamu. Así como decía Dazai, lo que quiero con este blog es escribir sobre las cosas que me conmueven en relación con cuatro palabras fundamentales para mi vida y mi quehacer como futura maestra. No es nada más, ni menos que eso.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Decimoquinta elucubración: Adiós
Esta es la última entrada de este blog, le agradezco mucho al profesor y a mis compañeros por leerme, y sinceramente no quisiera escribir sobre algo en específico, solo quisiera dejar esta entrada como una reflexión sobre la importancia de todas las habilidades en nuestro trasegar cotidiano como maestros, la importancia de escuchar la voz de nuestros estudiantes, de leer para comprender mejor y de escribir para transformar nuestra realidad, y de manejar un discurso que invite al pensar, a la reflexión, al buscar, a la investigación, porque el hombre se perfecciona y se hace digno mientras más reflexiona y se piensa en el mundo, con el otro y lo otro.
Solo puedo decir: Adiós, espero verlos el próximo semestre y compartir con ustedes gratas experiencias de aprendizaje.
PD1: no me gustan las despedidas, a esto se debe la brevedad de mi entrada.
PD2: Faltaba mi foto con un gato:
Decimocuarta elucubración: Recordando a aquel escritor que filosofaba
Mis apreciaciones sobre aquel escritor que filosofaba: Albert Camus
"Llega siempre un tiempo en el que hay que elegir entre la contemplación y la acción. Eso se llama hacerse un hombre. Esos desgarramientos son espantosos, pero para un corazón orgulloso no puede haber término medio".
—Albert Camus, El mito de Sísifo
NOTA: Cuando supe que podíamos escribir sobre un escritor que haya ganado premio Nobel me sentí muy feliz, aunque al principio no pensé en Camus, pensé más bien en Kenzaburō Ōe, o en Kawabata Yasunari, pero Camus me marcó de una manera impresionante, mucho más que aquellos dos escritores, de los cuales he leído un número significativo de obras como Una cuestión personal, La presa, Arrancad las semillas, fusilad a los niños, El grito silencioso ( Ōe), La bailarina de Izu, La casa de las bellas durmientes, El rumor de la montaña, País de nieve, Primera nieve en el monte Fuji (Kawabata). El francés nacido en Argelia, quien creía fuertemente en la condición humana, le ganó a dos grandes japoneses quienes creyeron en la decadencia y anti-valores de su pueblo en transición.
En 1957, Albert Camus, el escritor y filósofo argelino ganó el Premio Nobel de Literatura, con la siguiente consigna: «por su importante producción literaria, que con una seriedad clarividente ilumina los problemas de la consciencia humana en nuestra época». Muchos conocen a este autor por libros como El extranjero, aquel libro de un hombre fuera del lugar que habita, cuya frase más común es "me es indiferente", cuya filosofía inspiró a The Cure a escribir Killing an arab , o La peste obra de la cual rescato este fragmento:
"El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello".
Ah, y no olvidemos a La caída, una obra de Camus que recomiendo mucho y que contiene frasesconmovedoras sobre la vida como estas:
"El sueño de los hombres es más sagrado que la vida para los apestados. No se debe impedir que duerman las buenas gentes. Sería de mal gusto: el buen gusto consiste en no insistir, todo el mundo lo sabe. Pero yo no he vuelto a dormir bien desde entonces. El mal gusto se me ha quedado en la boca y no he dejado de insistir, es decir, de pensar en ello".
Ah, y no olvidemos a La caída, una obra de Camus que recomiendo mucho y que contiene frasesconmovedoras sobre la vida como estas:
“Tan cierto es eso que raras veces confiamos en los que son mejores que nosotros. Antes bien, huimos de su compañía. Al contrario, nos confesamos a menudo con aquellos a quienes nos parecemos y que comparten nuestras debilidades. Por tanto no deseamos corregirnos, ni mejorar: sería necesario para ello primero que se nos pillara en falta. Deseamos solamente que se nos tenga compasión y que se nos anime en nuestro camino”.
“A partir del día que me puse en alerta, me vino la lucidez. Recibí todas las heridas al mismo tiempo y perdí mis fuerzas de golpe. El universo entero se echó a reír a mi alrededor”.
No es que no quiera escribir el blog, porque me ven citando tanto, simplemente me encanta el pensamiento de Camus, su comprensión del mundo, la relación del hombre con el universo, su concepción del absurdo, este autor es maravilloso e inspirador, si sabe leerse, por supuesto, por lo que no me voy a extender mucho, más bien los voy a invitar a leerlo.
sábado, 22 de octubre de 2016
Decimotercera elucubración: Reconstruyendo
Esta semana quisiera reconstruir una historia que me contó mi abuelo materno, una historia un poco tétrica, pero que él me contó con una mirada llena de sosiego, con ritmo lento y casi arrastrando cada palabra, quiero reconstruirla desde los límites de mi capacidad para narrar, aquí va:
Era una tarde clara de diciembre, una de esas tardes que no evocan mucho, pues pasan sin pena ni gloria, yo estaba sumido en un letargo producto de aquella tarde tan anodina, mientras regaba las plantas del jardín delantero cuando la vecina me grita con un tono de desespero en su voz:
— Niño Rafa, niño Rafa, necesito urgente su ayuda
—Yo salí un poco del letargo y le dije: "¿Qué pasó, Doña Emilia?"
—Mijo, es que la niña está muy mal, ya le he dado de todo y no progresa, yo veo que se está es como muriendo, ¿usted me hace el favor de llevarla donde la médica que yo le pago?, es que usted sabe que yo no puedo dejar a mis otros niños, hágame ese favor, ¿sí?
El tono suplicante de doña Emilia y su mirada de dolor me llevaron a decirle:
—"Sí, mañana en la mañana partiré con ella".
—Gracias, mijo —dijo— y se fue.
A la mañana siguiente comencé a prepararme para partir hacia el pueblo, eran 5 horas caminando, pues no había de otra, ya que hasta la vereda donde vivíamos no llegaba transporte y tocaba caminar 3 horas para conseguir transporte al pueblo, y este solo funcionaba los domingos; la urgencia de Doña Emilia y su hija se gestó un martes, por lo que tenía que partir con ella lo más rápido posible, tenía que cargarla, pues ella difícilmente podría sostenerse, así que preparé una especie de cargador para llevar a la muchacha de Doña Emilia quien llamaba a su hija de 14 años "niña". Así desayuné en abundancia, pues de esa manera lo quiso mi madre quien me echaba la bendición y me decía que tuviera cuidado en el camino. Yo tenía 19 años y pocas veces había ido al pueblo, estaba acostumbrado al campo, a mirar las montañas que me rodeaban, a veces con felicidad y a veces con melancolía, a cultivar la tierra y a comer sancocho, frijoles, carne gorda y una buena jarra de "guandolo", el que me da energías durante el arduo trabajo del campo.
Cuando estuve listo, fui a la casa de Doña Emilia, la que quedaba a 15 minutos de la mía, pude ver a aquella muchacha de pechos leves, medio metida en un vestido de flores con una cara más de muerta que de viva esperando mi llegada, ella me sonrió con fuerza, mientras su madre me pedía que la cuidara e hiciera todo lo posible para que se salvara, puesto que ella era su hija favorita y no la quería ver morir tan joven, yo asentí y la acomodé en mi espalda en el cargador improvisado que hice, ella parecía una muñeca, no pesaba mucho, pues era flaca como gato de pobre y sus cabellos eran negros, largos y brillantes, su piel era pálida, casi marchita, sus ojos tristes y enfermos eran de un color verde que irradiaba frescura como una pradera bañada por gotas de rocío en un amanecer estival y sus labios permanecían rojos, como si la muerte los llenará de besos, antes de llevársela de una vez por todas.
Ya había caminado con ella aproximadamente una hora, ella dormía tranquila, con una mejilla apoyada en mi hombro, su respiración era suave, no me pesaba, pues yo era un muchacho alto, fornido, a quien tanto caldo de Gallina, frijoles y trabajo en el campo lo habían transformado en un muchacho imbatible y con mucha tesura. La madre de aquella muchacha, cuyo nombre es María, me dio algunos pesos para gastar en el pueblo y para pagar lo que necesitara su "niña", no podía parar de pensar en lo que podría comprar con esa pequeña suma de dinero, que para mí era como una puerta a lo desconocido, algo de variedad para quien las montañas son su claustro y sustento, ahí, luego del piense y piense sobre en qué gastar el dinero, María comenzó a decir cosas con poca coherencia: "Madre, me quiero casar", "Madre, a veces veo a un ángel que me dice que agarre su mano", "Madre, no me quiero ir", de cuando en cuando decía estas cosas en un tono bajo, yo supuse que estaba delirando y le ponía paños en la frente y mojaba sus labios, ella decía esto dormida, yo intentaba ignorar sus palabras.
Llegamos al pueblo, luego de siete horas, pues tuve que parar mucho para auxiliar a María, quien estaba como en otro mundo, comió con dificultad y nunca me habló, cuando llegamos donde la médica ella me dijo que María iba a morir pronto, que no había esperanza para ella, que si aguantaba el viaje de regreso a casa era mucho, que mejor me apurara para que alcanzara a morir en el seno de su casa y madre. Sus palabras me aporrearon, todo aquel viaje para nada, todo este camino le había quitado horas de su corta vida, las que pudo haber pasado con su madre y hermanos.
Reinicié el camino ipso facto, sin gastar ni un maravedí, mi misión era llevar a aquella muchacha delirante a su hogar antes de morir, lo cual intenté hacer casi corriendo, pero fue inútil, pues en la tercera hora de camino María se agarró muy fuerte de mí y mordió mi hombro derecho, luego dejé de sentir su respiración, aquella muchacha de ojos hermosos y pechos leves había muerto en mi espalda. Se fue, sin decir nada, lo último que dijo fue en el consultorio de la médica: "Madre, quiero agarrar la mano del ángel", mientras abría sus ojos con una mirada extática, para luego cerrarlos y poner una mano en su estómago. Ahora, estaba cargando un cuerpo yerto e inerme, no sabia qué decirle a su madre exactamente y la idea de cargar un cuerpo sin vida por unas 3 horas aproximadamente, me aterraba. Pero, tuve que hacerlo, con el resultado curioso de que su cuerpo, en poco tiempo, resultó tan pesado como un bulto de piedras.
Llegué a casa cayendo del agotamiento que sentía, mi madre lloró al saber de la muerte de María, y rápidamente llamó a su madre quien no pudo parar de llorar sobre el cuerpo de su adorada "niña", María fue enterrada al día siguiente, rodeada de sus hermanitos y los sollozos de su madre. Suelo cuidar las flores que crecen en su tumba y recordar aquel hecho con cierta tristeza.
Era una tarde clara de diciembre, una de esas tardes que no evocan mucho, pues pasan sin pena ni gloria, yo estaba sumido en un letargo producto de aquella tarde tan anodina, mientras regaba las plantas del jardín delantero cuando la vecina me grita con un tono de desespero en su voz:
— Niño Rafa, niño Rafa, necesito urgente su ayuda
—Yo salí un poco del letargo y le dije: "¿Qué pasó, Doña Emilia?"
—Mijo, es que la niña está muy mal, ya le he dado de todo y no progresa, yo veo que se está es como muriendo, ¿usted me hace el favor de llevarla donde la médica que yo le pago?, es que usted sabe que yo no puedo dejar a mis otros niños, hágame ese favor, ¿sí?
El tono suplicante de doña Emilia y su mirada de dolor me llevaron a decirle:
—"Sí, mañana en la mañana partiré con ella".
—Gracias, mijo —dijo— y se fue.
A la mañana siguiente comencé a prepararme para partir hacia el pueblo, eran 5 horas caminando, pues no había de otra, ya que hasta la vereda donde vivíamos no llegaba transporte y tocaba caminar 3 horas para conseguir transporte al pueblo, y este solo funcionaba los domingos; la urgencia de Doña Emilia y su hija se gestó un martes, por lo que tenía que partir con ella lo más rápido posible, tenía que cargarla, pues ella difícilmente podría sostenerse, así que preparé una especie de cargador para llevar a la muchacha de Doña Emilia quien llamaba a su hija de 14 años "niña". Así desayuné en abundancia, pues de esa manera lo quiso mi madre quien me echaba la bendición y me decía que tuviera cuidado en el camino. Yo tenía 19 años y pocas veces había ido al pueblo, estaba acostumbrado al campo, a mirar las montañas que me rodeaban, a veces con felicidad y a veces con melancolía, a cultivar la tierra y a comer sancocho, frijoles, carne gorda y una buena jarra de "guandolo", el que me da energías durante el arduo trabajo del campo.
Cuando estuve listo, fui a la casa de Doña Emilia, la que quedaba a 15 minutos de la mía, pude ver a aquella muchacha de pechos leves, medio metida en un vestido de flores con una cara más de muerta que de viva esperando mi llegada, ella me sonrió con fuerza, mientras su madre me pedía que la cuidara e hiciera todo lo posible para que se salvara, puesto que ella era su hija favorita y no la quería ver morir tan joven, yo asentí y la acomodé en mi espalda en el cargador improvisado que hice, ella parecía una muñeca, no pesaba mucho, pues era flaca como gato de pobre y sus cabellos eran negros, largos y brillantes, su piel era pálida, casi marchita, sus ojos tristes y enfermos eran de un color verde que irradiaba frescura como una pradera bañada por gotas de rocío en un amanecer estival y sus labios permanecían rojos, como si la muerte los llenará de besos, antes de llevársela de una vez por todas.
Ya había caminado con ella aproximadamente una hora, ella dormía tranquila, con una mejilla apoyada en mi hombro, su respiración era suave, no me pesaba, pues yo era un muchacho alto, fornido, a quien tanto caldo de Gallina, frijoles y trabajo en el campo lo habían transformado en un muchacho imbatible y con mucha tesura. La madre de aquella muchacha, cuyo nombre es María, me dio algunos pesos para gastar en el pueblo y para pagar lo que necesitara su "niña", no podía parar de pensar en lo que podría comprar con esa pequeña suma de dinero, que para mí era como una puerta a lo desconocido, algo de variedad para quien las montañas son su claustro y sustento, ahí, luego del piense y piense sobre en qué gastar el dinero, María comenzó a decir cosas con poca coherencia: "Madre, me quiero casar", "Madre, a veces veo a un ángel que me dice que agarre su mano", "Madre, no me quiero ir", de cuando en cuando decía estas cosas en un tono bajo, yo supuse que estaba delirando y le ponía paños en la frente y mojaba sus labios, ella decía esto dormida, yo intentaba ignorar sus palabras.
Llegamos al pueblo, luego de siete horas, pues tuve que parar mucho para auxiliar a María, quien estaba como en otro mundo, comió con dificultad y nunca me habló, cuando llegamos donde la médica ella me dijo que María iba a morir pronto, que no había esperanza para ella, que si aguantaba el viaje de regreso a casa era mucho, que mejor me apurara para que alcanzara a morir en el seno de su casa y madre. Sus palabras me aporrearon, todo aquel viaje para nada, todo este camino le había quitado horas de su corta vida, las que pudo haber pasado con su madre y hermanos.
Reinicié el camino ipso facto, sin gastar ni un maravedí, mi misión era llevar a aquella muchacha delirante a su hogar antes de morir, lo cual intenté hacer casi corriendo, pero fue inútil, pues en la tercera hora de camino María se agarró muy fuerte de mí y mordió mi hombro derecho, luego dejé de sentir su respiración, aquella muchacha de ojos hermosos y pechos leves había muerto en mi espalda. Se fue, sin decir nada, lo último que dijo fue en el consultorio de la médica: "Madre, quiero agarrar la mano del ángel", mientras abría sus ojos con una mirada extática, para luego cerrarlos y poner una mano en su estómago. Ahora, estaba cargando un cuerpo yerto e inerme, no sabia qué decirle a su madre exactamente y la idea de cargar un cuerpo sin vida por unas 3 horas aproximadamente, me aterraba. Pero, tuve que hacerlo, con el resultado curioso de que su cuerpo, en poco tiempo, resultó tan pesado como un bulto de piedras.
Llegué a casa cayendo del agotamiento que sentía, mi madre lloró al saber de la muerte de María, y rápidamente llamó a su madre quien no pudo parar de llorar sobre el cuerpo de su adorada "niña", María fue enterrada al día siguiente, rodeada de sus hermanitos y los sollozos de su madre. Suelo cuidar las flores que crecen en su tumba y recordar aquel hecho con cierta tristeza.
Duodécima elucubración: Mi proceso de adquisición del lenguaje
¡Oh! La infancia, ¡Oh! Comparación inaprensible.
¿Adónde fue, adónde?
— Rainer María Rilke
Hace unos días mi madre estaba buscando unos papeles y, como buena mamá se puso a organizar el estante donde los buscaba, en esas encontró unos cuadernos viejos que puso a un lado para botarlos, pero yo dije: "no tan rápido" y empecé a hojearlos, mirar cada letra e información escrita allí, y encontré en las últimas páginas de uno de aquellos cuadernos mi carné de pre-escolar y muchas planas, que al preguntarle a mi madre por ellas, me dijo que a ella le gustaba ponerme planas y dibujos para que practicara, así supe que había encontrado el "cuaderno de las planas", en el cual pude ver mi proceso de adquisición de la lengua, pues además, mi madre me dijo que en aquel cuaderno me puso a practicar por varios años, lo que me emocionó mucho, pues pude ver mi desarrollo a la luz de los lineamientos curriculares, por ejemplo: cuándo empecé a seguir un orden, una linealidad, cómo perfeccioné la escritura de algunas letras, el desarrollo de la coherencia y cohesión en las palabras y oraciones que escribía, etc. fue muy interesante ver esto, por lo que les pondré algunas fotos de ello:
Este carné es del año 2002, tenía 4 años
Aquí se puede ver una escritura más suelta y definida
"Mi papá es un tipo serio"
Una bailarina
Mi madre me dijo que esta plana es de cuando estaba en segundo
Plana de primer grado (5 años)
Primer grado
Cuando empezaba a reconocer mi nombre...
Mamá
Mi madre me dijo que a ella siempre le decían que yo era una niña muy expresiva y que tenía una muy buena ortografía y léxico, si miran las planas, mi madre siempre me enseñaba diversas palabras, también me compraba sopas de letras, libros para colorear y cuentos. A ella le debo mi buen manejo de la lengua, pues ella potenció y estimuló mi buen proceso de adquisición de la lenguay mi amor por las letras, porque recuerdo que ella nos llevaba, a mi hermano y a mí, a la sede de la Biblioteca Pública Piloto, Juan Zuleta Ferrer en Campo Valdés y nos leía cuentos, nos mostraba imágenes, hacia las tareas con nosotros, luego nos compraba un helado y llevaba a mi hermano a fútbol y a mí a natación, y ella se quedaba leyendo, después de terminar nuestras actividades deportivas, nos íbamos caminando a casa y ella nos hablaba de palabras nuevas y lo que había leído.
sábado, 8 de octubre de 2016
Undécima elucubración: Junín
"El pasado está escrito en la memoria y el futuro está presente en el deseo"
—Carlos Fuentes
Esta semana tuve que ir a Junín con la playa, en pleno centro, por cuestiones académicas. No sabía ni cómo llegar al lugar, pero, contaba con mis compañeros quienes están terminando la carrera de arquitectura, y mientras andábamos por el Parque Berrío, ellos hablaban del centro hace unos años, de los edificios, su construcción, sus funciones, etc. Y de historia en historia, llegamos a Junín, un pasaje del cual ya había escuchado, pues un amigo me hablaba mucho del olvidado Teatro Junín, y me decía que a él le hubiera gustaba estar allí, en las obras de teatro, en las presentaciones de las orquestas, ir al cine de esos tiempos, y otras cosas que me generaron curiosidad y así encontré imágenes muy bellas de aquel teatro en Internet, quedé sorprendida por el hecho de que Medellín , por algunas décadas, tuvo aquella imponente y hermosa construcción:
Este teatro fue construido en 1924 por un arquitecto belga llamado Agustín Goovaerts, y podía albergar a 4.200 personas, llegó a ser, en su tiempo, uno de los 4 teatros más grandes del mundo, y fue escenario de múltiples acontecimientos de índole político, cultural, artístico y musical, pero fue derrumbado en 1967 para construir el edificio Coltejer.
Cartel de presentación de una obra de teatro.
Ya en Junín, pude observar la dinámica del lugar: gente yendo y viniendo de un lugar a otro, casi siempre de afán, uno que otro viejito sentado, ya sea con un periódico en las manos, u observando a la gente con cierta nostalgia en la mirada, también, pude ver que en el lugar había muchos puestos de flores, negocios de artesanías y lugares para comer, entre ellos el Salón Versalles y la repostería Astor, lugares tradicionales, que en otros tiempos albergaban a celebridades, artistas y escritores, como el reconocido escritor antioqueño Manuel Mejía Vallejo, quien escribió Aire de tango en el segundo piso del salón, y los nadaístas, quienes se reunían allí para hacer sus tertulias.
Así, mientras observaba y escuchaba a mis compañeros hablar sobre el Junín viejo y el Junín moderno, pensaba en como sería "juniniar" en los años 60/70, en ser fotografiada por los fotocineros, quienes se dedicaban a tomar fotos a los transeúntes, por lo general desprevenidos, para ganarse unos pesos:
Y también, ver a los muchachos y tomar un helado en alguna de sus famosas heladerías, pues Junín era un lugar de encuentro, de reunión, movía a mucha gente y solía ser muy seguro, era prácticamente un centro comercial al aire libre. Por otro lado, algo que me llamó la atención fue cuando mis amigos dijeron que la gente sentía la pérdida del Teatro Junín como una herida permanente, pues este lugar promovía movimientos culturales y un lugar de encuentro para muchos poder disfrutar de las artes, ya que esto quedó en el aire, pues no se construyó o se reemplazó el lugar por otro que promoviera las artes y la cultura de la manera que lo hacia el Teatro. Esto fue lo que quedó de él:
Y se convirtió en esto:
El primer rascacielos del país.
Al ver esas imágenes, se siente cierta nostalgia y la imaginación vuela a los parajes de una ciudad en crecimiento, con jovencitas en bellos vestidos, y jóvenes con pantalones de paño y sombrero que les sonreían coquetamente, las madres con sus niños de la mano, dando un paseo y comprando una muda de ropa nueva, o cachivaches diversos, las parejas caminando a la función de una película americana o al teatro, las familias dando un paseo, y los autos yendo y viniendo a los lados, porque Junín apenas se peatonalizó en los años ochenta, en fin, hoy Junín es otra cosa, hay más comercio que cultura y ya no hay muchachos mirando a su próxima novia o muchachas en bellos vestidos arrojando miradas por ahí, o madres con sus niños comiendo un helado. Ya no hay teatros, ya no hay cafés, ya la gente pasa por Junín y no se queda, pero así son las cosas, cambian para mejor o peor, saber qué pasó en esta situación: depende de dónde se mire.
domingo, 2 de octubre de 2016
Décima elucubración: Baudelaire.
Charles Baudelaire.
En esta entrada quisiera hablar sobre el autor que despertó en mi el amor por la poesía: Charles Baudelaire, pero, esto pasó gracias a un manga con el mismo nombre de su obra más notable, aquí va la historia:
Así, me entró curiosidad y empecé a buscar poemas de Baudelaire en Internet y me gustaron muchísimo, por tanto quise prestar Las flores del mal en la biblioteca de Sabaneta, lugar al que mi madre me solía llevar a leer y a prestar libros, en especial, los de Laura Restrepo, aquí hago una pequeña digresión: en la biblioteca de Sabaneta solo había tres libros de Laura Restrepo: Dulce Compañía, Leopardo al sol y Delirio, y solo hasta que llegué a la Universidad pude leer toda su obra narrativa, pues no solía salir mucho de Sabaneta y no conocía bibliotecas más grandes como la Piloto o la biblioteca de la U de A.
Ahora, cuando comencé a leer a Baudelaire encontré cierto lo que decía Takao en las primeras páginas del manga (imagen 2), el libro era algo completamente diferente a lo que había leído en mis cortos 16 años, los poemas me causaban un mar de sensaciones y de visiones, las palabras de Baudelaire se convirtieron para mi en una música exótica y bohemia, porque eso era Baudelaire, un bohemio amante de los placeres efímeros, exóticos, del tabaco y las borracheras con tertulia incluida con literatos decadentes en el barrio latino. Y, así fui viajando por sus verso libre y enigmático y cuatro de sus poemas se convirtieron en palabras más allá de todo para mí y extático es el momento en el que los vuelvo a leer, aquellos poemas son: El extranjero, Conversación,Cielo nublado y La máscara, por su belleza y a la vez misterio, pues me hacen pensar en otras realidades posibles, también porque mis emociones se avivan al leer aquellos poemas, pues bien sabemos que Baudelaire era un maestro de la emoción y del juego con la realidad.
En fin, quería hacer una corta entrada sobre el poeta que tanto me gusta, y quien me hizo conocer la poesía, pues antes de Baudelaire no hubo nada, no trabajé ni a un solo poeta en mi colegio, ni siquiera al gran José Asunción Silva, o al poeta de nuestro pueblo: Julio Floréz, o a otro poeta del corte de Baudelaire como Rimbaud, Verlaine o Mallarmé, todo vino gracias a este manga, en el que hay otras referencias a poetas y autores de diversos lugares del mundo, y esto me hizo enamorarme de la poesía y de reconocer la riqueza del lenguaje cuando el poeta juega con letras, palabras, frases, rimas, para dejar volar sus emociones.
Imagen 1
Ahora, cuando comencé a leer a Baudelaire encontré cierto lo que decía Takao en las primeras páginas del manga (imagen 2), el libro era algo completamente diferente a lo que había leído en mis cortos 16 años, los poemas me causaban un mar de sensaciones y de visiones, las palabras de Baudelaire se convirtieron para mi en una música exótica y bohemia, porque eso era Baudelaire, un bohemio amante de los placeres efímeros, exóticos, del tabaco y las borracheras con tertulia incluida con literatos decadentes en el barrio latino. Y, así fui viajando por sus verso libre y enigmático y cuatro de sus poemas se convirtieron en palabras más allá de todo para mí y extático es el momento en el que los vuelvo a leer, aquellos poemas son: El extranjero, Conversación,Cielo nublado y La máscara, por su belleza y a la vez misterio, pues me hacen pensar en otras realidades posibles, también porque mis emociones se avivan al leer aquellos poemas, pues bien sabemos que Baudelaire era un maestro de la emoción y del juego con la realidad.
En fin, quería hacer una corta entrada sobre el poeta que tanto me gusta, y quien me hizo conocer la poesía, pues antes de Baudelaire no hubo nada, no trabajé ni a un solo poeta en mi colegio, ni siquiera al gran José Asunción Silva, o al poeta de nuestro pueblo: Julio Floréz, o a otro poeta del corte de Baudelaire como Rimbaud, Verlaine o Mallarmé, todo vino gracias a este manga, en el que hay otras referencias a poetas y autores de diversos lugares del mundo, y esto me hizo enamorarme de la poesía y de reconocer la riqueza del lenguaje cuando el poeta juega con letras, palabras, frases, rimas, para dejar volar sus emociones.
Imagen 1
Imagen 2
viernes, 23 de septiembre de 2016
Novena elucubración: un poemazo sin verbos y algo así como otra cosa que intenta ser un poemita sin verbos
Antes de mostrarles mi poema, quisiera tomar la libertar de mostrarles el poema con el que hice el ejercicio en clase y como quedría sin verbos:
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo, todavía, como si todo esto,
que una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones,
tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y, tan esbelto
fugitivo, el que , a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Con verbos
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo, todavía, como si todo esto,
que una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones,
tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y, tan esbelto
fugitivo, el que , a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Con verbos
“Sepulcro de una muchacha joven”
Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.
Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.
Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.
Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.
—Rainer Maria Rilke
Ahora mi poema:
¿Amor- desamor -amor?
Cometa colorida,
tarde de agosto,
monataña lejana,
viento fuerte,
bebidas y risas,
caricias y abrazos,
luego, besos indecisos,
especie de engaño,
cosa sin fin,
ojos engañosos,
sonrisa péfida,
corazón reseco,
manos vacías,
juego insignifcante,
niño esquivo,
pez errante,
vida incomprendida,
vacío insondable,
mente corrompida,
pecado imperdonable,
amor pasado,
mejillas rojas,
besos en la tarde de agosto,
letargo y hastío en septiembre,
amor insulso,
incomprensión entre dos,
ojos llorosos,
partida,
adiós,
batracio,
dolor,
superación,
amigas cercanas,
manos danzantes,
comida grasosa,
helado abundante,
preocupación,
orgullo,
vacío,
melancolía,
reflexión,
frustración,
reafirmación,
esperanza,
cortejo,
cadena inevitable.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















