viernes, 23 de septiembre de 2016

Novena elucubración: un poemazo sin verbos y algo así como otra cosa que intenta ser un poemita sin verbos

Antes de mostrarles mi poema, quisiera tomar la libertar de mostrarles el poema con el que hice el ejercicio en clase y como quedría sin verbos:


“Sepulcro de una muchacha joven”


Lo, todavía, como si todo esto,
que una vez más.

Como un árbol en la costa de los limones,
tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.

Y, tan esbelto
fugitivo, el que , a las mujeres.

Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.


—Rainer Maria Rilke


Con verbos



“Sepulcro de una muchacha joven”


Lo recordamos todavía. Es como si todo esto
tuviera que ser una vez más.

Como un árbol en la costa de los limones
llevabas tus pequeños pechos leves
hacia adentro del murmullo de su sangre
de aquel dios.


Y era tan esbelto
fugitivo, el que mima a las mujeres.


Dulce y ardiente, cálido como tu pensamiento,
cubriendo con su sombra tu flanco juvenil
e inclinado como tus cejas.

—Rainer Maria Rilke

Ahora mi poema: 

¿Amor- desamor -amor? 

Cometa colorida, 
tarde de agosto,
monataña lejana, 
viento fuerte, 
bebidas y risas, 
caricias y abrazos, 
luego, besos indecisos,
especie de engaño, 
cosa sin fin,
ojos engañosos, 
sonrisa péfida, 
corazón reseco, 
manos vacías, 
juego insignifcante, 
niño esquivo,
pez errante, 
vida incomprendida,
vacío insondable, 
mente corrompida, 
pecado imperdonable,
amor pasado, 
mejillas rojas,
besos en la tarde de agosto, 
letargo y hastío en septiembre, 
amor insulso, 
incomprensión entre dos, 
ojos llorosos, 
partida, 
adiós,
batracio, 
dolor,
superación,
amigas cercanas, 
manos danzantes, 
comida grasosa,
helado abundante, 
preocupación,
orgullo, 
vacío, 
melancolía, 
reflexión,
frustración, 
reafirmación,
esperanza,
cortejo,
cadena inevitable. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Séptima elucubración: Manual de instrucciones para hacer un examen

ADVERTENCIA: Este manual no le asegurará el éxito en su examen, pero sí podría garantizarle un mejor desempeño en la realización de este. 

1. Duerma profundamente la noche anterior, no se quede estudiando hasta pocas horas antes del examen, pues el examen podría causar alucinaciones y este podría convertirse en una almohada o un lugar cómodo para apoyar la cabeza y dejarse cobijar por el seno de Morfeo por unos minutos, para luego, después de habitar aquel cálido paraje, ser objeto de burla por parte del maestro o los propios compañeros, esos que están igual de soñolientos que usted y que ríen, pero en el fondo les gustaría hacer lo mismo.

2. Recé a sus dioses o a su entidad divina, superior, beatifica de confianza, ya sea Jesucristo, Mahoma, Buda, Izanagi, el cristo de Balandú, Santa María Bailarina... Además,  aférrese a algo, a su sueño más preciado, a la coca que se va a poder comer más rápido si acaba pronto el examen, al recuerdo de la persona que  ama o que quiere, sea que le corresponda o no, a lo que pueda, pero que le dé ánimo.

3. Estudie, estudie y estudie hasta que sienta los ojos resecos, el estómago clamando por comida, porque cuando uno estudia se le alborota la solitaria que tiene adentro, y no hay café o galletas que la amansen; estudie, hasta que se sienta torturado metafísicamente por ese cálculo, por esa cultura, por esa pedagogía Pestalozzinana, que intenta aprender, repasar, memorizar y a veces, piensa que es mejor no intentarlo más, porque el tema está muy duro y la noche no dura para tanto. Pero, existe ese líquido multi-usos y multi-situación: el café, úselo para no dormirse, y si no sirve, para eso está la Coca-Cola y el Vive cien, Pd: no tome mucho, porque le puede dar un patatús o un ataque de hiperactividad.

4. Cuando llegue el día, levántese rápido, no se quede añorando el calor de su cama, y báñese con agua fría, lo importante es no tener miedo, llegar temprano y con semblante de guerrero que va a combatir una batalla epistemológica de vida o muerte.

5. Haga el examen y no se arrepienta de nada.

6. Probablemente se arrepentirá de algo, espere a su compañero de confianza, compare respuestas, hable de lo fácil o difícil del examen, prepárese para el consenso o disenso, sea lo que sea, sonría y siga su día, si puede, haga algo alegre, que le haga sentir bien y espere los resultados del examen.

Esto no tiene que ver con la actividad de esta semana para el blog, pero quiero compartir mi felicidad con ustedes: En el marco de la décima fiesta del libro y la cultura, conocí a dos escritoras que admiro con todo mi ser: Laura Restrepo (Colombia) y Janne Teller (Dinamarca), aquí les dejo tres fotitos de ese feliz encuentro: 
Con Janne Teller


Con Laura Restrepo



domingo, 4 de septiembre de 2016

Sexta elucubración: Un recuerdo, sofoco y Camilo.


Hace calor, y Camilo está aquí, frente a mí, todo perfumado y con su flanco juvenil de siempre, vamos en un autobús  atiborrado de gente, lo que hace que el perfume de Camilo se pierda en un mar de emanaciones corporales variopintas, así como su voz que se me va de cuando en cuando y algo en él, tal vez su sombrero de fieltro un tanto raído y de cinta chillona, me hace recordar a aquel joven anodino, un tanto fatuo y de cuello de jirafa, que me encontré en esta misma línea hace unos días, el que protagonizó una escena lamentable, al reprocharle a alguien por empujarle y luego correr como cuarentona con tres o cuatro bolsas en mano con la compra del día al primer sitio que desocuparon.

 Recuerdo el hecho con detalle, porque no solo me sorprendieron sus malas maneras, me sorprendió encontrarlo pocas horas después en uno de mis lugares preferidos, la Plaza de Roma, frente a aquella estación donde le robé un beso a Camilo hace ya un tiempo, y no solo eso fue curioso, pude oír como alguien que hablaba con él y le hacía una sugerencia insustancial sobre ponerle un botón más a su abrigo para que las chicas no huyeran despavoridas por su vello en el pecho, pues aquel hombre lo consideraba poco estético y nada atractivo, hasta dijo que lucía un tanto salvaje y eso no iba con él. En fin, reí con sorna y seguí mi camino, ahora bien, cuando vuelvo con mis cinco sentidos a la hostigante atmósfera del bus número 465 de la línea  S,  que comparto  con 35 almas ardientes, como la de Camilo, escucho que me habla sobre su insoportable sobrinito y otras cosas que son insignificantes, pero ayudan a amainar el desespero incesante que causa este trayecto, pues tanto lo he hecho que ya poco significa.


domingo, 28 de agosto de 2016

Quinta elucubración: Tres puntos para el tedio y uno para la ilusión.

“Vacilan y caen los hombres sufrientes, ciegos, de una hora en la otra, como aguas de roca en roca lanzados, eternamente, hacia lo incierto.”

― Friedrich Hölderlin


A veces, por los ires y venires de la vida, las cosas pierden su sentido y ya nada representa un consuelo para uno, no importa cuántos libros maravillosos leas, no importa cuántas palabras reconfortantes recibas de aquellos quienes son cercanos a ti, no importa si compras tu comida chatarra favorita, o si te sientas frente a un árbol a buscar la iluminación zen o a que un fruto te golpee la cabeza, a ver si te despiertas, es que, simplemente hay épocas tan anodinas en la vida que uno solo sigue una rutina, uno se duerme y pierde el sentido, más bien, no hay ningún horizonte, no hay ninguna compresión de sí y del mundo, uno no le da un horizonte de interpretación al mundo y vive como un guijarro negro, al lado de un camino muy transitado, el que es pateado furiosamente por la monotonía, por la insignificancia, por un desasosiego que se acepta sin pena, ni gloria, porque a pesar de todo hay que vivir, aunque sea de manera inconsciente.

Para ampliar más lo que quiero decir, traigo a colación a ese maravilloso escritor que filosofaba llamado Albert Camus, con una frase de su muy conocido libro, El extranjero:


 "Y Nunca me he sentido tan profundamente, en un único y mismo momento, tan separado de mí mismo y tan presente en el mundo". 

Algo así le sucede a uno, algo se separa, el "yo" se va de vacaciones, a buscar aires menos inciertos y, queda la cáscara, el vestigio de lo que uno guardaba en lo más íntimo: los sueños, las metas, los ideales, las ganas de estudiar, la fuerza para levantarse todos los días a las 5:30 am, el soportar el pensamiento incesante en la persona amada que yace en ese lugar llamado: "no te puedo hablar, porque lo arruiné, y mejor me trago el dolor, y lo convierto en desapego, porque, de lo contrario me muero de pena moral", los principios se vuelven frutos que nunca debieron ser comidos y la vida como decía quien conocía bien, el dolor y la tragedia, Hara Tamiki, ya no ofrece nada para agarrarse a ella. Y qué tiene qué ver esto con el tema que nos inquiere , pues cuando uno esta así de entumido, uno no escucha, ni escribe, ni lee igual, a pesar de que tal vez por el hecho de estar frustrado y desilusionado, uno puede escribir reflexiones interesantes sobre el asunto, pero hay casos tan extremos de tedio, de hastío y de frustración que uno se mecaniza, y hace las cosas no por voluntad, sino por impulso, porque toca. Como esa tarea de X profesora que implicaba escribir un ensayo X, como ese almuerzo que te comes día a día y parece ser el mismo, y se vuelve insípido, pues llega a no saber a nada, como ver todas esas caras que no dicen mayor cosa, pero que toca darles un detalle, un impulso, una emoción para no morir en el camino de las relaciones con el otro. En fin, en este momento me siento más o menos de esa manera y las ideas que me mueven y me representan, pierden su fuerza, lo mismo en la escritura, ya nada me inspira, o me mueve a escribir, aunque ciertas personas y autores dicen que uno debe escribir sin la influencia de las emociones, pero yo digo que son necesarias, como amar a alguien o algo, en fin, después ampliaré este tema. 

Para no hacer esta entrada tan gris, pondré la foto de grandes personajes de la literatura y la filosofía con gatos, solo porque sí: 



                                                                                 Sartre.


                                                                                  Foucault.

Hesse.



Aldous Huxley



Àlvaro Mutis


                                           Y Yukio Mishima, uno de mis autores japoneses favoritos.





sábado, 20 de agosto de 2016

Cuarta elucubración: La dimensión estética de la mirada: leer la mirada como acontecimiento estético (o algo menos poético, ¿por qué la mirada es tan importante para mí?)



Soledad: una dulce ausencia de miradas.
— Milan Kundera 


Esta semana, decidí escribir sobre un asunto que me inquieta y es: ¿por qué no mirar a quien nos habla a los ojos? (Bueno, no nos tiene que hablar, solo mirar a los ojos sin por qué) y ¿por qué la mirada es tan importante para mí?.  Alguien  quien quise mucho me dijo que no me miraba a los ojos, porque era muy tímido y penoso, yo le dije: "está bien si no me miras, pero yo siempre buscaré tus ojos". ¿Por qué?; pues, me encanta la mirada de la gente, para mí la mirada es la encarnación de la sinceridad y de los verdaderos sentimientos de cada persona, creo que si miráramos  más a los ojos comprenderíamos mejor al otro y, así a  la naturaleza humana. No obstante, el "pero" aparece aquí, por lo general no miramos al otro, porque nos sentimos incómodos, o porque hay algo en la persona que simplemente no nos es grato o nos causa rechazo, aunque hay personas masoquistas (como yo) que siempre intentan mirar a quien tienen al frente, sin importar si no se quiere a la persona, o si esta causa temor , inquietud en uno.

Y por querer cruzar de ese camino enigmático que es la mirada , he tenido la oportunidad de enfrentarme a  caminos llenos de beatitud (al mirar a quienes más he querido) y también, a caminos espinosos y austeros ( al mirar a las personas que me han mostrado perfidia en sus ojos), pero el caso es que la experiencia de mirar siempre trae percepciones de las personas como: "este sí es malgeniado", "qué ternura de mirada", "ese se ve que es más goloso, con esa manera de mirar...", "esta sí es creída"... Y así podría seguir dando ejemplos de lo que se puede percibir en una mirada.

Ahora bien, en la clase del jueves 18 de Agosto, el profe expresó algo que me impactó: "tocar con la mirada", creo que no hay mejor expresión para ejemplificar lo que siempre intento hacer mirando al otro, no solo  intento leer su estado de ánimo, o el trasnocho que se gesta en las ojeras por una larga noche de desvelo por hacer el trabajo de X maestro, no solo para ver si sí me está diciendo la verdad, porque si me quita la mirada diciéndome algo importante, es sospechoso, no es solo para leer tribulación o dicha en los ojos del otro, es más un asunto de mirar al otro para tocarlo con la mirada, transgredir las fibras de lo más íntimo del otro a través de ese contacto tan estrecho que se produce cuando unos ojos distraídos se encuentran en medio de una multitud que no dice nada, y en ese momento, en el que las miradas se encuentran, algo estalla, el mundo te dice algo, porque te has encontrado a tu amigo, a tu compañero, a tu pareja, a tu maestro, a alguien que carga con su mundo y su vivencia y comparte algo contigo. Pero, también hay momentos en los que te encuentras a alguien que te rompió el alma, te decepcionó, te hizo sufrir, y por razones del azar, cruzan miradas, ahí estalla otra cosa: estalla el dolor, estalla la vergüenza, estalla el remordimiento y hay algo en uno que se siente indigno de ser mirado o uno siente que es indigno mirar a quien lo lastimó a uno.

Para no hacer esto tan largo, mirar al otro es importante para mí, porque lo hago sentir importante, escuchado, apoyado y en el mirar también entra la habilidad del saber escuchar, porque si uno mira al otro, más sencillo va a ser seguir su discurso y leer su intencionalidad, adicional a esto, hay situaciones en las que la mirada se convierte en un acontecimiento estético, porque en el instante en las que ellas convergen en un escenario, en un momento y situación especial, uno puede ver que el mundo adquiere un sentido puro, relevante y ver una imagen insondable en la retina del otro hace que uno se conmueva y se siente a pensar en la profundidad de la existencia y la belleza de cada cosa.

Tal vez ustedes piensen que escribí muchas "marihuanadas" o que me inspiré de más, pero miren al otro y sientan al otro desde lo que sus ojos transmiten y dan para leer.




Hay miradas insondables

Hay miradas que producen ternura

Hay miradas que dan paz

Hay miradas jocosas, pero que muestran tesura


Y hay miradas que dan miedo, pero que retan.

Entonces, mi consejo final es: miren, miren al otro, léanlo a través de la mirada, exploren lo que cada uno guarda cuando se da ese acercamiento de mundos, de dos respiraciones que se encuentran por casualidad y tejen un diálogo insípido o nutrido en derredor de esta lucha absurda y conmovedora que es la vida. 

lunes, 15 de agosto de 2016

Tercera elucubración: Algo así como un tratado de lo que es mi habla


"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse".

                                                                                                  —Ludwig Wittgenstein

Otra vez estoy poco inspirada, lo cual se está volviendo un problema para mí este semestre, tal vez me falta emoción o un muso que despierte en mí deseos de exprimir pensamientos en este blog semanal. Luego de la digresión aleatoria, lo que quise escribir esta semana, tiene relación con hablar, una de las habilidades que más me asusta y que menos me gusta, desde que era una niña no me gusta hablar, soy más del tipo de chica que escucharía a alguien por horas sin cansarse, de hecho, he tenido amigos que son monotemáticos, y tengo una habilidad de escuchar su retahíla por horas, sin aburrirme. Yo me pregunto, ¿por qué es tan difícil hablar para mí?, ¿será por qué me pongo ansiosa y las palabras se parten mientras las voy enunciando?, ¿será por qué me tiembla todo mientras "me riego"?, ¿será porque empiezo a pensar cosas de lo más existenciales mientras hablo?, tales como: ¿qué hago aquí?, ¿por qué esta persona me mira de esa manera?, ¿cuál es el sentido de dar un discurso frente a este montón de gente soñolienta?, o lo más fútil, ¡Qué zapatos tan lindos!, ¡Oye, qué miedo la expresión de X persona!, ¡Tengo hambre y ya gagueé! y así sucesivamente. Creo que el problema es que hablo más de lo que debería conmigo misma y debido a las cosas que me gustan, opto por sostener ese diálogo del alma con uno mismo que Platón se llamó reflexión. ¿Cómo voy a encontrar a alguien que reflexione sobre por qué los escritores japoneses tendían al suicidio o al nacionalismo o a un rechazo total de las costumbres tradicionales de su país, o a un replanteamiento de las mismas?, o ¿alguien con quien discutir porque Murakami es tan famoso si a sus novelas se les puede sacar hasta esquema?, y otras cosas más insulsas y más "profundas" que voy pensando de cuando en cuando.


Ahora, ¿qué fue lo primero que dije?: Mi mamá me dijo que "tata", no sé si sí sea cierto o no, porque la memoria de mi madre es corta y es como la mía con respecto a mi infancia, la que pasó sin pena, ni gloria, no recuerdo muchas cosas sobre ella. Pero, cualquiera que haya sido el momento en que dije aquella palabra esta fue la primera palabra que utilicé para nombrar el mundo, y así fui creciendo, sin hablar mucho, hasta tercero donde recuerdo que escribí mi primer poema para recitarlo en público. Recuerdo estar frente a todo el colegio llena de pena, "recitando" mi poema, el que se trataba de flores o algo así. En la primaria fui una niña muy retraída, no tenía muchas amigas, tampoco tenía amigos en el lugar donde vivía, puesto que no había muchos niños, aunque recuerdo que mi vocación nació cuando empecé a enseñarle el poco inglés que sabia a dos niñas que eran mis amigas, recuerdo haberles enseñado los colores y algunos animales, ese día fui muy feliz.

Ya en otro momento de mi vida, los últimos años de colegio, yo era la que representaba a mi salón, porque por alguna razón siempre soy valiente para salir a hablar al frente, pero entro en crisis cuando tengo que enfrentar el público, como cuando estaba en noveno, tuve que presentar un acto cívico y pronuncié un nombre mal y fui el hazme reír de todo el colegio por unas semanas. En fin, todas esas cosas son parte del crecimiento y el desarrollo como persona de cada uno, aunque cuando llegué a la U... 

Cuando llegué a la U, no había cambiado mucho, seguía siendo la misma chica retraída de siempre, pero tenía el reto de adquirir fuerza frente a un público, porque iba a ser profesora, y básicamente mi profesión me exigía enfrentar públicos diversos todo el tiempo, y eso he estado intentado estos tres años en el que la palabra es fundamental para ser maestro, cuánto daño puede hacer uno enseñando mal un concepto o regla, o al reprender a un estudiante, uno puede matar sueños y mundos, por eso hay que tener cuidado con el discurso en esta profesión y recordar las palabras de Wittgenstein, las que están en el epígrafe y son difíciles de aplicar. 



Esa foto describe a la perfección qué siento cada vez que voy a hablar en público, siempre me pregunto: "¿qué hago aquí?", "no debí haber salido", pues ese día quise leer un poema que había escrito sobre un chico que me dio mucha inspiración el tercer semestre FRENTE A TODA LA FACULTAD, no fue buena idea, porque me trabé mucho, pero lo importante es que reté mi miedo a hablar en público.  

En fin, no sé exactamente como describir mi habla, pero sé que no me gusta mucho hablar, pero sé que en el aula de clase voy a tener que ser una experta en eso de hablar, de dar discursos, de hacer vida los conceptos enunciándolos de manera correcta y ordenada.